De pequeño cogí la costumbre, siempre que se aproximaba el ‘clásico’ de la liga española, de leer con ansia e interés los especiales que solía hacer el diario El País con estos partidos. Y me aficioné a ello, gracias a que Julián García Candau tuvo la brillante idea de proponer a varios escritores en nómina con el diario, siguiendo el ejemplo de lo que solía hacer la prensa argentina con su fútbol, escribir una columna explicando su punto de vista, comentando lo que para ellos significaba el hecho de la disputa de ese partido, antes y después del mismo.
Todo arrancó porque mi padre compraba ese periódico, y un buen día, leyendo la sección de deportes y en vísperas de un clásico, topé con una columna escrita por Manuel Vázquez Montalbán y su pensamiento culé. Pero al girar la cabeza hacia la otra página, la que correspondía al Real Madrid, encontré otra columna de Javier Marías, a modo de réplica, que no lo era porque ninguno se leía hasta que se publicaba el periódico. Ambas eran un regalo. Trataban a ambos equipos desde una óptica que se escapaba a lo que se solía comentar en los diarios deportivos o la sección de deportes. Literatura breve. Palabras enmarcadas.
Con el tiempo, y la salida de Candau de la dirección de la sección de deportes, esa costumbre se perdió, y en contadas ocasiones, el enamorado culé que llevaba dentro Vázquez Montalbán, aparecía con cuentagotas con su columna sobre el Barça, siempre diferente, siempre marcando la distancia. Tras su muerte se produjo el vacío. En contadas ocasiones se intentó repetir el regalo, a veces con Enrique Vila-Matas, otras con Javier Marías, alguna vez Juan Cruz, un escritor en la piel de un aficionado, hablando de este deporte y del club de sus amores. Recordando a Bioy Casares o a Fontanarrosa. Atrayendo la literatura al fútbol, en un tiempo en el que los diarios deportivos le dieron la espalda a esta forma de entender o de acercarse al fútbol.
¿Por qué recuerdo esto? Porque inesperadamente, en la semana del clásico encontré esta columna de Vila-Matas, ‘Ribelles y Coll’, a propósito de la suplencia o no de Ronaldinho, enseñando y recordando viejas batallas del barcelonismo y de héroes olvidados del mismo. Volver a leerla, me ha hecho recordar mis lecturas de niño, la forma en la que me acerqué por primera vez a leer palabras seguidas sobre este deporte. A soñar con mi vicio ya olvidado. Esos escritos se repetían desde el viernes hasta el domingo. Convirtiendo mis tardes en un empacho de buena lectura.
Ahora queda en el recuerdo, pero ahí lo tengo, y me encantaría que un día se recuperase. Para que las nuevas generaciones entendiesen que literatura y fútbol no son mundos contrapuestos. Al contrario, por mucho que les extrañe, siempre han ido unidos de la mano. Se quieren y se necesitan, como dos amantes. Sólo necesitan a la celestina que dé el empujón necesario. ¡Y que sea cuanto antes!
Más información | Ribelles y Coll
Más información | Javier Marías en el Mundial de Fútbol


Comentarios
Emocionante y compartido recuerdo de esos 'duelos' en El País, Antonio. Inequívoca prueba de que el fútbol puede tener su sitio también en la literatura.
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