Hoy he tenido la oportunidad de visitar la exposición “Pasión en las gradas”, que estará hasta el 20 de abril en el Espai Cultural Caja Madrid de Barcelona. La muestra está centrada en mostrar cómo el deporte Rey es un motor para que afloren nuestros sentimientos humanos más extremos: desde la lacra del odio, la violencia y el racismo hasta la pasión y el amor por unos colores. Una exposición sencilla y clara, basada en documentos gráficos y objetos que simbolizan recuerdan algunos de los hechos más destacados de la pasión futbolera.
La primera sala está centrada en la violencia en las gradas, bajo el título de “fuerza”, recordando algunas de las tragedias más destacadas del la historia del balompié y bien conocidas por cualquier buen aficionado al fútbol. El enfrentamiento conocido como la “guerra del fútbol”, vio como a partir de un encuentro clasificatorio para el Mundial de 1970 entre las selecciones de El Salvador y Honduras, ambas naciones centroamericanas iniciaban un conflicto bélico que se resolvió en unos pocos días “con un empate” según reza en la exposición, pero con miles de bajas en ambos bandos entre civiles y militares. No podía faltar tampoco en esta parte de la muestra la tragedia de Heysel, así como otros ejemplos de violencia extrema en las gradas.
Para ilustrar mejor hasta qué punto algunos aficionados llevaron sus sentimientos al extremo de la violencia, varios objetos impactantes: una moto Vespa lanzada al campo de San Siro durante el desarrollo de un partido del Inter, decenas de armas de todo tipo incautadas a aficionados ultras y especialmente impactante un maniquí que representa a un jugador negro vestido con los colores del Verona: fue la reacción de unos ultras del equipo italiano en contra de los planes del club para fichar al camerunés Patrick Mboma.
La violencia no sólo se muestra a través de objetos o imágenes: la palabra también es un efectivo instrumento de agresión y por ello se muestran algunas “frases lapidarias” de futbolistas, técnicos o directivos del fútbol, como la famosa arenga de Luis Aragonés a Reyes en la que se hacían referencias a Thierry Henry de dudoso gusto.
En medio de todo este torrente de sentimientos exaltados, la prensa a menudo no hace más que echar leña al fuego. Ejemplo de ello son las decenas de portadas de diarios deportivos españoles donde a menudo el lenguaje adopta tintes bélicos y que también podemos contemplar en la exposición.
Después de ver la cara más oscura del deporte, rodeados de esvásticas, armas y sangre, la exposición nos traslada al lado más amable de la pasión futbolera. El humor, el amor por los colores y la alegría compartida de la competición y la victoria, ejemplarizada por objetos tan curiosos como una tumba con los colores del Borussia de Dortmund así como diversos objetos de uso cotidiano con los colores de uno y otro equipo. También hay una sección dedicada al esfuerzo de las instituciones, los clubes y los aficionados por acabar con la violencia y el racismo en el fútbol: de entre estas muestras, me ha llamado la atención un artículo de Ernest Lluch en el que critica la violencia en el fútbol: “Un aficionado del Barça violento no es del Barça, es un violento. Un nazi violento no es un nazi, es un violento. Un antifascista violento no es un antifascista. Es un violento”, argumentaba entonces el que se convirtió en una víctima más de la violencia extrema. Antes, un curioso montaje audiovisual en el que el espectador se ve atrapado entre dos proyecciones que muestran dos aficiones enfrentadas.
La exposición viene acompañada de actividades paralelas en forma de charlas, talleres, proyección de cortometrajes, cuentos infantiles…en definitiva, una gran noticia para los aficionados al fútbol de la ciudad condal. Para los que no sean de Barcelona, pueden visitar la exposición virtual en la web de Caja Madrid.


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