Llevo unos cuantos días pensando hasta donde llega la soberanía del público del estadio respecto a su actitud hacia los jugadores. Recuerdo que en un partido en una liga interna de un club social, un niño se dedicó a abuchear y a insultar al árbitro porque estaba pitando en contra del equipo de su hermano. El padre le cogió por banda y le dijo enfadado: “¿Has pagado por ver el partido? Entonces no tienes derecho a criticar a alguien que está trabajando. Si quieres respeto, empieza tú por dar ejemplo. Más cuando tu padre ha sido árbitro.” Todo esto viene a cuenta de los abucheos que recibió Ashley Cole en el último partido de su selección por un error cuando el partido estaba decidido. La cuestión es por qué recibió el abucheo, y si las motivaciones tenían otras razones detrás, más allá de las futbolísticas.
Aquí deberíamos hacer una importante diferencia entre ir a ver a tu equipo e ir a ver a tu selección. El público se siente soberano porque ya que paga, está en su derecho de mostrar su disconformidad si lo que ve no le gusta. El cabreo ante el aburrimiento se debe hacer referente al conjunto, no a acciones puntuales. Al equipo, no a un jugador en concreto. Al terminar los 90 minutos. Es educación y saber estar (que pueda ser mucho pedir en un campo de fútbol), aunque uno no pueda objetar nada a como quiera cada uno ejercer la soberanía que ha comprado. Por eso, cuando de la selección se trata, entiendo que personalizar en un único jugador el enfado, resulta un error elevado. Todos somos del mismo equipo y un premio, la convocatoria, se puede convertir en un suplicio, todo porque a alguien le has caído gordo y no comprende que es de humanos equivocarse.
En Inglaterra se ha abierto un debate, que desgraciadamente en España no parece tener cabida. Y eso es lo malo, en el ejemplo que damos a los pequeños cuando les llevamos al campo. Ciertamente es para mirárselo.
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Comentarios
Bien es cierto que a veces se critica por criticar y se tiene poca paciencia con según qué jugadores. Pero no es menos cierto que se individualiza muchas veces no sólo cuando a un jugador no le salen las cosas, sino cuando se ve que no pone ganas para mejorar.
Al final todo se reduce a que cobran mucho dinero, por lo que se les exige. Si un jugador es malo, se respeta, pero si cobra un pastizal y no rinde en el campo se merece todos los abucheos del mundo. Y que no sirve de excusa que se ponga nervioso. Si es profesional para cobrar, también lo debe ser para aguantar la presión de su trabajo.
Ejemplos de los muchos que hay por ahí serían, en mi humilde opinión, Seitaridis, del Atleti, o Emerson, el que estuvo en el Madrid. Tienen fichas muy altas (no en comparación a un currito, sino a sus compañeros) y son tan malos que acaban desesperando al personal.
Y pienso que ni en la selección se deben librar. Es un premio ir convocado, pero cobran, cuando lo principal es que jueguen siempre teniendo en cuenta que están representando a mucha gente, que además les paga, y muy bien.
Eso sí, siempre hay que mostrar respeto es obvio que calificativos excesivos y los lanzamientos de objetos hay que erradicarlos del fútbol. Al igual que hace falta cambiar mucho el trato que se les viene dando a los árbitros.
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