
Si alguien hiciera en alguna ocasión una clasificación de las mayores sorpresas de la Historia del Fútbol, el segundo puesto estaría muy disputado: la eliminación de Italia por Corea en el Mundial ’66, la final de la Copa de Europa del año pasado, la victoria de Camerún sobre Argentina en el partido inaugural del segundo Mundial de Italia… hay muchos partidos que se harían acreedores a esa distinción. Sin embargo, siempre que a un buen aficionado se le pregunta cuál es el paradigma de resultado increíble, de algo que no podía ocurrir y ocurrió, una palabra acaba surgiendo: el Maracanazo. La final de la Copa del Mundo de 1950.
La selección brasileña que se presentó aquel día del Carmen en Maracaná lo tenía prácticamente todo. El mejor ataque del fútbol mundial, con el atildado y genial bigotudo Ademir de estrella (nueve goles en cinco partidos del campeonato) apoyado por los sensacionales Zizinho y Jair; Barbosa, quizá el mejor portero desde el Divino Zamora, bajo los palos; una defensa con Juvenal y Augusto, que se califica simplemente con decir que el suplente de este último era Nilton Santos; una versión del 3-4-3 llamada “la diagonal” con la cual habían desarrollado el juego más hermoso jamás visto hasta entonces, ¡trece goles! en los últimos dos partidos de la fase final; 220.000 hinchas enfervorizados apoyándoles, que llevaba en el campo casi ocho horas, ataviados para la ocasión con las camisetas de Brasil Campeón del Mundo… Y por si fuera poco, por el sistema de liguilla adoptado para la ocasión que generó no pocas polémicas, el empate les hacía campeones.

Como víctimas propiciatorias, a priori, esperaban los uruguayos. Sí, tenían al finísimo Pepe Schiaffino, killer impenitente, y el poderío del Negro Obdulio Varela (foto), y la rapidez del extremo Alcides Gigghia, y al poderoso Tejera atrás, más el plus de garra de la camiseta uruguaya; ese país donde, dicen, los bebés gritan gol antes de comenzar a hablar. Pero las perspectivas no eran halagüeñas: a la final les había llevado un empate in extremis con España y una inmerecida victoria ante los suecos, a los que los cariocas habían barrido por 7-1. Tenía aroma a boutade la frase de Obdulio antes de comenzar el encuentro, dirigida a la nube de periodistas que se afanaban en captar la imagen de los locales: “Vénganse, que los campeones están acá…”.
Cuando el colegiado inglés Reader da el pitido inicial, el equipo carioca se lanza en tromba sobre la meta de Máspoli, que resiste duramente la primera acometida. El zaguero Matías echa el cierre, Obdulio se convierte en la sombra de Ademir y poco a poco el fútbol plomizo y aparentemente cansino de los uruguayos, lleno de técnica y sentido de la pausa, aquieta el ímpetu brasileño. La multitud ruge incómoda, pues los encuentros anteriores habían sido resueltos por la vía rápida para dejar paso al arte y la exhibición. Hoy, ni Bauer ni Jair se ven capaces de llevar la manija, Zizinho está desaparecido y el equipo da sensación de impotencia. No hay goles cuando los jugadores se retiran, preocupados los locales, más sonriente el combinado charrúa.
Comienza el segundo tiempo con el mismo aspecto que el primero, con la canarinha volcada sobre el portal uruguayo, y a los pocos minutos un toque de balón de Jair habilita al extremo Friaca, que cruza la pelota magistralmente y provoca el delirio en las gradas y en todo Brasil. Pero en medio del griterío Obdulio Varela toma la pelota, anda pausadamente hacia el centro del campo, protesta al árbitro, habla con sus compañeros, para el partido, hiela el ambiente… Cuando tras cuatro minutos se reanuda el choque, ya no quedan restos de la euforia y el momento mágico ha pasado.

Son veinte minutos en los que los uruguayos imponen su ritmo, y, paradójicamente, sienten que Brasil no es inabordable. Morán y Míguez estiran el campo, Bigode sufre con Gigghia y Schiaffino empieza a sacudirse el marcaje de Danilo. Y finalmente, llega lo que el silencioso estadio ya prefiguraba: Gigghia gambetea en córner y cede atrás para que el Pepe enganche un cañonazo que limpia la escuadra de Barbosa e iguala la contienda. Sólo se advierte estupefacción en los rostros de futbolistas e hinchas cariocas; aunque estos últimos, quizá reparando en que este resultado aún les da el título, alzan la voz al grito de ¡Brasil, Brasil! Pero los amarillos están sucumbiendo ante el poderío físico de Uruguay, que nota el haber jugado una fase previa de un solo partido ante un rival insignificante (8-0 a Bolivia) frente a tres de los brasileños. Sin embargo, todavía tienen arrestos los locales para una oleada agónica que les lleva a disfrutar de varios córners consecutivos, todos desperdiciados.
Era la última oportunidad en un partido cuyo destino ya era visible. Y así, a diez minutos para el final, el Negro le da la bola a Gigghia, este profundiza, distrae a Barbosa preparando un centro ficticio, y se saca un lanzamiento a puerta seco y criminal que pasa entre poste y portero y se va a la red. Es el final, Uruguay ha ganado.
Lo demás pertenece ya quizá más al terreno del mito que al de la realidad, o quizás a los dos. La torcida llorando en medio de un silencio sobrecogedor, luto en todo Brasil, suicidios, Jules Rimet entregando la Copa solo con el capitán en los vestuarios, los más fanáticos intentando linchar a los futbolistas brasileños, el gran Obdulio en la noche de Rio tratando de consolar a los vencidos y bebiendo con ellos, Barbosa llevando el estigma del culpable para toda su vida…
Uno de esos días en que, como dijo Hugo Presman, la vida se sentó a tomar un café con la Historia.
ALINEACIONES. Uruguay: Máspoli, González, Tejera, Gambetta, Varela, Andrade, Gigghia, Pérez, Míguez, Schiaffino y Morán. Brasil: Barbosa, Augusto, Danilo, Juvenal, Bauer, Bigode, Friaca, Zizinho, Ademir, Jair y Chico.



"Sólo ha habido tres personas capaces de hacer callar Maracaná: Frank Sinatra, el Papa y yo". Alcides Gigghia.
En este estupendo blog hay montones de referencias sobre ese partido. Muy divertido el blog entero: http://mivisiondelfutbol.blogspot.com/
Secuelas del Maracanazo Tras perder por 2-1 ante Uruguay el domingo 16 de julio el partido decisivo del Mundial 1950 en el estadio Maracaná de Río de Janeiro la selección de Brasil entró en un luto que la hizo no volver a jugar un partido hasta pasados dos años del hecho. Inclusive, a partir de ese momento, dejó de utilizar su tradicional conjunto de medias, pantalón y camiseta blanca con puños y cuello azul el cual venía usando desde sus comienzos.
Cadena perpetua "En Brasil la pena que la ley establece por matar a alguien es de 30 años. Están por cumplirse 50 de aquella final y yo sigo encarcelado: la gente todavía dice que soy el culpable".
Moacyr Barbosa [arquero de la selección brasileña en el Mundial 50]
Ni olvido ni perdón "Si no hubiera aprendido a contenerme cada vez que la gente me reprochaba lo del gol, habría terminado en la cárcel o en el cementerio hace mucho tiempo", reveló en una de sus pocas apariciones públicas Moacyr Barbosa [arquero brasileño en el Mundial 1950] antes de conmover a la audiencia televisiva al narrar el episodio más amargo de su larga cadena perpetua: "Fue una tarde de los años 80 en un mercado. Me llamó la atención una señora que me señalaba con el dedo, mientras la decía en voz alta a su chiquito: Mirá, hijo... Ese es el hombre que hizo llorar a todo Brasil".
Cumplidos Antes de que salieran al campo de juego del Maracaná para afrontar el partido decisivo del Mundial 50, dirigentes de la Asociación Uruguaya fueron al vestuario y le dijeron a sus jugadores que venían a brindarles todo su apoyo y que estaban orgullosos de ellos, pero que no se expusieran a una vergüenza como que los llenaran de goles. Con que sólo les conviertan cuatro estaba bien, qu
Una cita más, no sé si apócrifa, pero en todo caso legendaria: "Si jugamos ese partido cien veces, lo perdemos las cien" (Obdulio Varela)
Que increible, pense que solo nosotros(los uruguayos) lo valorabamos. Inclusive, se ha llegado a pensar que fue algo malo, porque despues de eso no hubieron buenas figuraciones en los mundiales y Uruguay dejo de ser un grande, excepto el 54 (dicen que tenia un mejor equipo) y en el Mexico 70.
El emblema del gran caudillo, sin lugar a dudas esta reflejado en Obdulio Varela, tambien referente principal de la huelga de futbolistas, que casi impide ir al mundial, en la cual los dirigentes mantenian una relacion laboral con los jugadores, al borde de la esclavitud, y los mismos que despues del Campeonato del Mundo, se colocaron Medallas de mejor calidad que la de los futbolistas.
Me parece bueno rescatar, el comentario del entretiempo del relator Uruguayo Carlos Solé, en el que le daba un palo enorme a Schiaffino, y a otros jugadores que practicamente no habian existido. El mensaje es que hasta los protagonistas del MAracanazo fueron criticados..
Gracias
Elmachi, mira si fue un partido importante que creó escuela hasta en el término. El 6 de marzo del 2002 el Deportivo de A Coruña le ganó la Copa del Rey al Real Madrid, el día que cumplía 100 años en su propio estadio, el Bernabeu. Todo estaba a favor del Madrid, la prensa daba el título por ganado y nadie en general apostaba nada por el Deportivo, eramos invitados a la fiesta ajena. Fuimos 25.000 fieles un miércoles y vimos una victoria justa y clara. Y esa victoria se llamó el Centenariazo, inspirandose en el Maracanazo de 1950. Recuerdo incluso que volviendo esa noche desde Madrid en la radio Segurola comparó al inolvidable Mauro Silva con Obdulio Varela. Por cierto que uruguayo fue otro grandioso jugador como el Príncipe. Aunque no destacase con la selección, Francescoli era un auténtico fenómeno. Elegante y preciso como pocos.
Gracias por el link, Klaus. Muy interesante.
Klaus, cuantas veces al dia los deportivistas hablais del 'Centenariazo'? No os cansais de hablar de lo mismo?
La verdad es que no. Un par de veces al día, me dijo el médico. Además hoy hay final de copa.
Para los amantes del futbol esta es de las hazañas imposibles, la más impatante, la más gloriosa, la más imposible. Cada vez que cuento esta historia a alguien se me pone la piel de gallina. Soy peruano y fanático y amante de este deporte y envidio a los uruguayos por poder contar como suya esta proeza. Me quedo con una frase que lei en un libro, creo que se llamaba "Mitos y Leyendas": "...viejo tas llorando...". Hoy tengo 34 años, soy un enemigo de esa corriente que dice que el futbol de antes era mejor, soy un convencido de que el hecho de que no había TV y los unicos que veian un partido eran los que estaban en el estadio hacía que se crearan leyendas y estas se fueran agrandando con el tiempo, sin embargo, este capítulo del Maracanazo sí es para mi la página más grandiosa de la historia de este deporte. Cuando niño tanto Máspoli, como Obdulio, el Pepe y Alcides eran mis héroes, como lo podría ser ahora Luke Skywalker o Harry Potter, y esta historia era no solo un ejemplo para el fútbol, sino un ejemplo para la vida.
genial relato
Muy triste la historia del portero Barbosa como un error puede matarlo a uno en vida!
uruguay noma
YO CREO Q UN LOGRO COMO ESE NO LO VAMOS A TENER NUNCA AQUEYOS TIEMPOS LOS JUGADORES JUGABAN PARA GANAR Y PRINCIPALMENTE POR LA CAMISETA NO COMO AHORA Q JUEGAN PARA SER MAS FAMOSOS SOY UN CHICO DE 14 AÑOS USTEDES DIRAN Q SE DE 1950 YO SE MUCHO PORQUE ME INTERESE EN NUESTRA GRAN HISTORIA EN EL DEPORTE LES AGRADESCO Q PUBLIQUE MI COMENTARIO GRACIAS
SOLO LOS URUGUAYOS PUEDEN LOGRAR ESO, QUE LINDO SERIA SER URUGUAYO!!! OJALA EN LA PROXIMA VIDA!!! JAJAJA SALUDOS