
Bien es conocido que en la categoría de plata reina, ante todo, la igualdad. Exceptuando algunos casos por arriba y por abajo en la tabla, los 22 equipos de la Segunda A despuntan y defraudan por igual. Los puntos están más cotizados que el petróleo y los 90 minutos de cada partido se tiñen con tintes de final. Hoy, el Estadi de Montilivi vivirá uno de esos días que podría marcarse como fiesta nacional. El equipo necesita resurgir de sus cenizas, y qué mejor manera de hacerlo que ante un histórico de la Primera División.
Tras la visita de otro mito como el Rayo Vallecano, esta tarde será la Real Sociedad la que examine a un Girona con un arranque espléndido (7 puntos en las tres primeras jornadas) pero que ha perdido gas ante un complicado calendario. El Girona es de esos equipos que se les coge aprecio. Un club humilde embarcado en un proyecto de unas tallas más pero al que parece haberle encontrado un cinturón a su medida.
No es fácil lo que ha hecho este club. Congregar una plantilla equilibrada, con experiencia, calidad y veteranía después de pasar por una crisis económica importante durante la temporada del ascenso y tras perder, más que a un delantero, a todo un símbolo para la afición gerundense: Miki Albert. Artífice del crecimiento y ascenso de este club, buscarle sustituto era tarea casi imposible. Tanto, que ha debido ser con la unión de todo un grupo el hacer posible paliar su ausencia.
Disfrutar del fútbol profesional es ahora una realidad para el Girona. El conjunto donostiarra visita hoy un entregado Montilivi en busca de su primera victoria foránea. La exigencia de la Segunda A pone a prueba al cuadro catalán, que debe comprobar si tiene madera suficiente para aguantar el tirón de la categoría. Una reválida para comprobar, tras cinco jornadas sin saborear la victoria, si el buen arranque fue un espejismo o una traducción de lo que este equipo puede demostrar.
Foto | Girona FC



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