El pasado martes, mientras el periodismo deportivo alemán estaba pendiente de los movimientos en el mercado de fichajes, especialmente esperando la confirmación del traspaso de Klose al Bayern, otra noticia sacudía las redacciones germanas: el fallecimiento a sus ochenta años del ex seleccionador nacional Jupp Derwall.
Habiendo trabajado durante muchos años como ayudante del mítico Helmut Schön en el banquillo de Alemania, Derwall accedió al puesto de seleccionador en 1978, donde permaneció hasta 1984. En ese periodo, consiguió notables éxitos como la Eurocopa de 1980 y ser finalista del Mundial de España de 1982; pero fue precisamente en esta cita mundialista donde se produjo un hecho que dejaría indeleblemente su nombre asociado al escándalo y a la vergüenza en el ideario de los aficionados alemanes. Se trata de lo que ellos llaman “la vergüenza de Gijón”.
Justo un día antes de la muerte de Dewall se cumplían 25 años de este acontecimiento. Alemania Federal y Austria se enfrentaban en el último partido de la primera fase de grupos del Mundial. Austria llegaba al encuentro como primera de grupo con 4 puntos y Alemania y Argelia le seguían con dos puntos. A los diez minutos Hrubesch adelantaba a los alemanes y, ante la sorpresa de los 41.000 espectadores en El Molínón, el partido se convirtió en un rondo preparado de 75 minutos en el que los jugadores se limitaron a pasarse el balón sin encontrar oposición ninguna, ya que el resultado clasificaba a ambas selecciones en perjuicio de Argelia.
Hace unos meses Hans-Peter Briegel, defensa del combinado alemán, reconoció por primera vez oficialmente que fue un amaño, algo que para todos fue una evidencia, y pidió perdón. Aquel partido supuso un trauma para el orgullo de la afición alemana. “Traición al juego limpio”, “fraude legal” o “pornografía futbolística” fueron algunos de los calificativos que se usaron en la prensa alemana. Calificativos que se han recordado esta semana con el vigésimo quinto aniversario de aquel partido.
Jupp Derwall fue uno de los principales instigadores del amaño y una persona que jamás entendió qué había de malo en ello. “Queríamos clasificarnos, no jugar al fútbol”, afirmó fríamente. Ni los aficionados que presenciaron el encuentro en Gijón ni los horrorizados espectadores en Alemania lo entendieron igual. La policía tuvo que contener a los hinchas en el estadio asturiano para que no invadieran el campo y más tarde se manifestaron ante el hotel en el que estaba alojado el equipo para exigirles una disculpa pública.
Por ello, pese a conseguir ese subcampeonato del mundo y la Eurocopa, además de conseguir un registro de 23 partidos invicto con Alemania, la imagen de Dewall quedó lejos de ser la de un héroe. Si fue en cambio muy apreciado en Turquía, donde el Galatasaray le ofreció un contrato como entrenador vitalicio a finales de los ochenta, al que renunció para dedicarse a escribir columnas en la revista deportiva Kicker.
Uli Hesse-Lichtenberger comenta al respecto en su columna dedicada al fútbol alemán en Soccernet: “¿Deberíamos ser capaces de perdonar después de un cuarto de siglo? Sí, deberíamos. Descanse en paz, Josef ‘Jupp’ Derwall”.
Vía | Soccernet


Comentarios
pregunta tonta: que hacian austria y alemania jugando en Asturias un partido oficial?
Porque era el mundial de España quizás?