
Será difícil ver un partido tan intenso y vehemente como el que esta noche nos han brindado Turquía y República Checa bajo la lluvia de Ginebra. Los checos comenzaron dando y fuerte, jugando un fútbol repleto de sentido, con Koller como gran referente, como si fuera una pared, recibiendo balones constantemente que echaba a las bandas de forma mecánica. Por su parte, los turcos se enfrascaban en una guerra aérea que tenían perdida de ante mano hasta que tras el descanso comenzaron a hacer lo que saben, tocar y tocar con Hamit Altintop imponiendo pausa pero con hombres clave como Arda Turan o Nihat desaparecidos y otros como Kazim que directamente estaban para borrarlos del mapa. En el minuto 62 Plasil ponía lo que parecía un 0-2 definitivo y sólo una hazaña podía quitar la soga del cuello a los turcos. Y la hazaña acabó llegando.
Pero lejos del gol de Arda Turan, los pases de Altintop y el doblete de Nihat cuando los hinchas checos ya cantaban victoria, me quedo con la actitud ganadora de Tuncay Sensi, que ofreció una lección de derroche y gallardía que al menos a mí me cautivó. Hubo momentos en los que los turcos atacaban por inercia sin fe y sólo Tuncay creía en el milagro, hasta el punto de recorrerse medio campo para cambiarle al juez de línea el banderín y evitar perdidas de tiempo. En la fe está el triunfo; como bien decía Ghandi, es la fe la que dirige a los hombres en océanos turbulentos. El que cree nunca se cansa, por eso Tuncay corría como un loco apostando todo a la victoria. Y por eso cuando se iluminó la estrella de Arda y los turcos se pusieron 1-2 abrasando a la República Checa, todos pensamos en la remontada.
Tuncay fue Turquía, simbolizó con su aguerrida actitud el coraje que derrocharon los turcos para llevar a cabo una remontada memorable. Al final, acabó jugando de portero por la expulsión de Volkan Demirel . Asumió la responsabilidad de defender durante varios minutos los tres palos y no me hubiera extrañado que en caso de que se hubiera dado la situación le hubiera sacado un mano a mano a los checos. No fue Tuncay el mejor de los turcos, me encantó Altintop, Arda o por supuesto Nihat, que evidenció que los buenos son buenos no por su constancia sino por su determinación. Estaba desaparecido e irrumpió para aprovecharse de una cantada monumental de Cech y poco más tarde colarle al meta del Chelsea una bella rosca. Eso ya fue en el descuento, mucho después de que el espíritu de Tuncay infundiera luz en la tormenta para lograr un merecido pase a cuartos.



Comentarios
Tuncay a mi me llamó la atención en el primer partido por el escandaloso y vergonzoso piscinazo que se marcó en el área de Portugal. En ese momento me pareció un auténtico sinvergüenza porque encima reclamó penalti y ni le hábían tocado. Pero anoche, él y todos sus compañeros dieron una lección de coraje y entrega. A mi Toncay no me gusta como futbolista y personalmente destaco a Nihat porque aunque no hizo gran cosa hasta el final muy pocos jugadores ponen un balón tan importante como él hizo en el tercer gol. Vaya chicharro, madre mía.
ay si llega a haber penaltys con tuncay de portero, jajaja
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