Tiene 21 años y puede presumir de haber ganado una Eurocopa, acumular 138 partidos en un grande de la Premier en cuatro campañas de crecimiento imparable e incluso de haberse permitido el lujo de perder una final de Champions League. Obviamente hablo de Cesc Fábregas, que desde que debutara de la mano de Arsene Wenger en agosto de 2004, con 17 añitos recién cumplidos, no ha hecho más que confirmar las buenas vibraciones que desprendía en la cantera del Barça, hasta el punto de convertirse en el gran líder del Arsenal de nuestros días.
Cesc es referente en el campo, pieza básica para Wenger y su brillante entramado futbolístico, y también en las gradas. La afición del Arsenal, a través de la página Web gunner, ha elegido al catalán como mejor jugador de la temporada pasada. Esta designación se percibe en cualquier tienda de deportes de Londres. El nombre de Fábregas es el más común en las camisetas serigrafiadas de los del Emirates. Cesc se ha convertido en un ídolo, en una especie de símbolo de una filosofía de juego que tiende a desaparecer debido a las exigencias del fútbol actual. Todo ello, a pesar de su extremada juventud, en un conjunto donde los jugadores van y vienen con pasmosa facilidad. Quizás por eso hoy por hoy Wenger ni siquiera atienda llamadas cuando le preguntan por su precio.
Lo de Cesc va camino de números de record. En estos momentos es el tercer jugador de la plantilla gunner que más partidos de Premier ha disputado para el Arsenal. Sólo le superan Kolo Touré y Gilberto Silva, que acumulan varios años más que el actual campeón de Europa por selecciones. Ello hace pensar que si el mediocentro español prosigue su carrera en el conjunto más laureado de Londres podría hacer historia, como ya ha comenzado a hacerla con una selección que encontró su mejor fútbol cuando él sacó su varita.
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