Cada jornada me resulta más difícil hablar del Deportivo de esta temporada, porque sus partidos son películas que me parece ya haber visto. El guión no cambia demasiado y sólo ese pequeño gran detalle que es el gol dibuja los diferentes finales. Las conclusiones no varían mucho: si el Dépor pierde o empata no es que haya jugado tan mal, pero siempre nos acordamos de la poca pólvora que tienen sus pistoleros; si el Dépor gana, uno se queda con la sensación de que no ha jugado tan bien pero ha ido madurando el partido hasta encontrarse con el gol.
Esa es la clave de Lotina, ir madurando los partidos a partir de una premisa: nuestros rivales perderán los nervios y el orden antes que nosotros. Los poderosos porque se juegan más que los blanquiazules y los de media tabla para abajo porque la cosa está muy apretada. Desde luego que no es una regla que se cumpla siempre, pero es innegable lo que ha logrado el técnico de Meñaca: el Dépor sabe a lo que juega, minimiza sus defectos y rentabiliza al máximo sus ocasiones.
El Osasuna de Jose Antonio Camacho se plantó en Riazor con una pareja de atacantes, Pandiani y Aranda, que quizá no era la mejor para hincarle el diente a Lopo y Colotto. De hecho, en el minuto 62 los sustituyó por Galán y Masoud. La primera parte no merece más palabras que las justas para decir que fue un auténtico aburrimiento sin un solo disparo entre los tres palos.
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Juegue donde juegue, siempre cumple. Pedazo futbolista tiene el Dépor.