Decía Quique Flores antes de que el Atlético visitara al Tenerife (1-1) que éste era un partido de su misma liga, la de evitar el descenso. Y lo decía con razón el técnico madrileño, pues le ocurre al conjunto rojiblanco que es un equipo ramplón, que ni sabe ni aprenderá a jugar al fútbol, entre otras cosas, porque no tiene futbolistas para ello. Ayer le faltaban Agüero y Reyes, sus dos jugadores en mejor estado de forma —y con más calidad—, y se sabía por tanto que este Atleti ofrecería una mala versión. El Tenerife no es, precisamente, un equipo ordenado, pero en el ir y venir del encuentro pudo dejar malherido a los colchoneros. Buena actuación de Sergio Asenjo, que paró un penalti a Nino al borde del descanso y salvó a los suyos en el descuento del partido al detener una ‘chilena’ del delantero almeriense.
Estuvo mal el Atlético, como casi siempre, vamos; aunque para luchar por la permanencia anda mejor que otros. De creación nada, por ninguna parte. Fue un fútbol de contraataque, pero del malo. Y el peligro llegó por donde lo suele hacer: el área del Atlético es un terreno fructuoso para los rivales, donde el balón pasa más tiempo de la cuenta y donde los defensas sufren el mal de la desconfianza. Ayer, de nuevo, perdía el Atleti en los albores del encuentro, en el minuto 3, y después de un saque de falta al segundo palo, donde aparecen los contrarios sin oposición —ayer Alfaro y Nino— y no desaprovechan tales facilidades. Una jugada maldita para los madrileños, allá donde jueguen.
El empate llegó con un gol de Jurado, en el minuto 21, pero incluso la asistencia que le ofreció Forlán fue trabada, como todo el juego. Lo hizo bien el gaditano para superar a Aragoneses, pero luego se perdió en el centro del campo, donde no sólo cuenta la intención. Tal vez, el jugador que mejor representa a este Atlético decaído sea Simao. El portugués parece otro, no es capaz de desbordar, ni marca, ni centra, ni asiste… Si en el Rodríguez López hubiese andado fino, el resultado habría sido otro. Hubo ocasiones, pero si no se trabaja con precisión es dificil marcar la diferencia. Y lo del Atleti, con frecuencia, es cuestión de milímetros. Los mismos que hicieron que Perea salvase el segundo del Tenerife —ya en la segunda mitad—, o que impidieron a Forlán empujar el pase de Sinama en boca de gol —incomprensible que el francés no buscase la portería, síntoma de desconfianza—.
Editores 7
Comunidad 8