Kaká

Ya es oficial: Ricardo Izecson dos Santos Leite, más conocido como Kaká, se ha convertido en la primera pieza de la reconstrucción de la plantilla del Real Madrid, que de la mano de Florentino quiere mutarse cual transformer en la segunda parte de la saga galáctica. El presidente del Real Madid había anticipado que sería un verano largo y no le falta razón: largo por delante y por detrás ya que con la llegada del astro brasileño, podemos dar por iniciado este verano ya a nueve de junio.

El interés por cerrar este fichaje antes que ningún otro señala las preferencias de la actual junta y la dirección deportiva. Como ya se ha comentado a menudo y con razón, alrededor de Kaká se puede construir un equipo ya que es un gran solista pero también hace mejores a sus compañeros. Personalmente, y al margen de lo obsceno que me parecen estas transacciones astroeconómicas en plena crisis económica, siento una gran alegría por poder ver al mediapunta en la Liga española, un jugador de clase mundial que combina como pocos la genialidad del talento brasileño con la disciplina y el trabajo táctico italianos, además de una gran capacidad de liderazgo.

Yo no sé si Kaká habrá nacido para jugar en el Real Madrid, como a buen seguro recitará Florentino. Si se sabe que creció en el barrio de Morumbi en São Paulo, foco de la clase media paulista y alejado de los suburbios donde se criaron muchos de sus compañeros de equipo y muchos de los jugadores brasileños que llegan a las ligas europeas. La biografía de muchos cracks de la zona está repleta de favelas y partidos de fútbol con materiales inverosímiles. Por contra, Kaká invitaba a sus amigos a jugar a videojuegos en su casa; su infancia nos dibuja un perfil que se refleja sobre el campo y en el vestuario: un talante tranquilo y conciliador que además se contagia.

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