Abidal

Eric Abidal (Lyon, 1979) es un caso poco habitual en este cada vez más acelerado mundo del fútbol. En tiempos en los que aquellos que superan la treintena son tenidos más por viejos que por veteranos, en España más que en ningún otro lugar, el lateral francés es un verdadero rara avis.

Tras debutar en 2000 con el AS Monaco, pasar por el Lille OSC y triunfar más tarde en el Olympique Lyonnais (tres Ligue 1 y otras tantas Supercopas), acabó aterrizando en la Ciudad Condal en el verano de 2007. En su primera temporada, bajo las órdenes de Frank Rijkaard, vivió la debacle de un equipo que se hundió por la apatía de Ronaldinho, Deco y el propio técnico holandés. Al año siguiente, con Pep Guardiola debutando en el banquillo del Camp Nou, Abidal estuvo a punto de pedir al club que lo traspasara; como él mismo ha reconocido hace unos meses, no conectó con el preparador de Santpedor: una cuestión de feeling, que diría Pep. Sin embargo, poco a poco fue entendiendo a su entrenador y aceptando las mil y una correcciones de un obseso que le puso más vídeos en seis meses que los que había tenido que ver en toda su carrera. Y claro, ganar Liga, Copa y Champions en un solo año acabó por convencer a Abidal de que no había mejor sitio para él que el FC Barcelona.

Pero no todo fue tan bonito como parece. Aquella Primavera de 2009 el bueno de Abi no pudo jugar ni la final de Champions ni la de Copa por sendas sanciones, una doble desgracia para un jugador que a pesar de su corpulencia dista mucho de ser un defensa leñero: esta temporada, por ejemplo, promedia menos de una falta por partido en Liga (15 en 20). Sí participó la temporada siguiente en todas las finales consiguientes (Supercopas de España y Europa y Mundial de Clubes), pero no cabe duda de que Abidal tendrá una espina clavada que espera extirparse este año. Más allá de los títulos ganados, la película de Abidal tiene su mayor atractivo en la evolución que ha tenido como jugador.

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