Dirán que lo mejor del partido fue la entrada de Cesc Fàbregas, que junto a Iniesta revolucionó un encuentro demasiado cuesta arriba, pero no me negarán que la imagen de las postrimerías de Arbeloa defendiendo al manchego pone punto y final al absurdo debate del mal rollo en la Selección por el peor ambiente en los clásicos. Un madridista defendiendo a ultranza a un barcelonista. Un chileno que empujó al de Fuentealbilla para que ahí apareciera Álvaro, que reaccionó como si hubiesen tocado a su hijo. Una tangana final que sobraba, pero ‘necesaria’ de alguna forma para acabar con los rumores que a través de declaraciones, instantáneas y gestos, los jugadores de Madrid y Barça han querido zanjar en la concentración de España.
Que conste que no pretendo hacer apología de la violencia, pero esa acción refleja bastantes cosas: entre ellas, que la piña no se ha roto. Pasó, se comenta, y punto. Y es que durante los noventa minutos anteriores se vio un partido con dos caras bien diferenciadas. La del primer acto y la del segundo. El duelo de ‘rojas’ lo conquistó la de Vicente del Bosque no sin dificultades, pues la primera entrega fue de dominio chileno, con una defensa española haciendo aguas, demostrando las carencias en la convocatoria. Javi Martínez, acompañado de dos suplentes en el Real Madrid como Albiol y Arbeloa, acompañaba a Sergio Ramos, en su posición de lateral. A ello había que añadirle la presión de los chilenos y su acierto de cara a gol. Isla primero, y luego Vargas, adelantaban a Chile, que se fue camino a los vestuarios con un 0-2 en el casillero.
Tras el receso Del Bosque introdujo algunos cambios. Entraron Reina, Pedro e Iniesta. Cambió el panorama. Chile empezó a notar el cansancio en sus piernas, el juego de toque empezaba a fraguarse en el combinado español y tras la explosiva mezcla, unida a la correcta actuación de la defensa, hizo que las jugadas fueran cayendo al área de un Bravo muy acertado. A los 54’, un derechazo de Iniesta recortó distancias y diez minutos después Cesc y Fernando Torres entrarían en sustitución de Xavi y Negredo. El de Arenys, que se encuentra en un estado fabuloso de forma, lavó la cara de la Selección, que ya enfilaba el camino a la remontada justo antes de su entrada. Lo intentó el Niño sin suerte antes del empate, en el que Cesc, sólo ante Bravo no perdonó una asistencia privilegiada de un enorme Andrés.
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