No ocupa una posición que llame excesivamente la atención. Tampoco se suele llevar todos los elogios. El ejemplo más cercano lo tenemos en el amistoso de anoche, ante Francia. Iker Casillas, posiblemente el portero más en forma del planeta, salvó a España de no encajar el tanto del empate por parte de los galos. Sin embargo, en la victoria algo de culpa tuvo Joan Capdevila, eclipsado, obvio, por las figuras de nuestro combinado, pero que siempre esta ahí cuando se le necesita. Casi nadie habla de lo pillo que estuvo el lateral izquierdo del Villarreal para empujar, sí, sólo empujar, el cuero dentro de la portería de Coupet y sí del magnífico (que lo fue) disparo de falta de Iniesta que precedió el tanto. Es normal, Capdevila tiene poco de mediático, pero lo que muchos ven chupao (marcar sin apenas oposición) en el área contraria lo falló, clamorosamente, un tal Thierry Henry.
No pretendo restar méritos a ningún futbolista de la selección, ni resaltar los fallos de la delantera francesa. Tampoco encumbrar a Capdevila por haber marcado el tanto del triunfo en un partido sin más historia que una revancha descafeinada. Pero hay que estar ahí, y el defensa catalán lleva ahí mucho tiempo, esperando, con paciencia y sin levantar la voz. El premio debe llegarle al fin este verano. Tal y como está el panorama, Joan es de lo mejorcito para la banda izquierda de nuestra retaguardia. Aúna experiencia (el domingo cumplió 30 años), tiene recorrido y sólo con su presencia en el área rival advierte que hay que tener cuidado con su cabeza y su olfato goleador.
El lateral izquierdo es una posición en la que en la Selección española ha carecido de regularidad durante estos últimos años. Han sido unos cuantos los futbolistas que ha testado Luis Aragonés (y antes Iñaki Sáez). Capdevila ha sido un habitual en las probaturas de los seleccionadores, sin embargo, nunca ha sido indiscutible. Rebobinemos:
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