Cuando uno tiene ante sí, la que en ese justo instante considera la oportunidad de su vida y ve como ésta le desaprovecha, es muy posible que sienta lo más cercano a la depresión. Cuando uno cree que ha quemado una etapa y considera que es el momento de encender una nueva pero ve como el tiempo, las desavenencias y una decisión te obligan a vivir entre lo que tú consideras ya cenizas, es más que probable que avanzar, seguir adelante, cueste más de lo común.
Pero en estos casos, no queda otra. Queda dejar lo que pudo haber sido y no fue y volver a pelear por encontrar una nueva ocasión que, esta vez, sí te aproveche. Algo así, supongo, debe pensar uno de los nombres que más han sonado este verano y que, a pesar de su indiscutible predisposición a cambiar de aires, a dejar el Deportivo y fichar por el Barcelona, las altas pretensiones del conjunto gallego y la necesidad barcelonista por reforzar el lateral izquierdo de forma inminente, le han dejado, al menos una temporada más, ocupando el flanco izquierdo de Riazor.
Luis Filipe, el lateral por el que suspiró el actual tricampeón y que finalmente se quedó en La Coruña, se ha reivindicado como un futbolista debe hacerlo: sobre el verde. Ahí, lejos de los micrófonos que tanto le acecharon semanas atrás, se ha sacado un zapatazo desde 25 metros que de buen seguro que han hecho pensar a Lendoiro que no era tan descabellado pedir al Barcelona lo que pidió por sus servicios. Filipe ha marcado un golazo, junto con el de Ricardo (Tenerife), el mejor de la jornada. Un chicharro de tres puntos, de una victoria, de un grito a los cuatro vientos, de que si alguien cometió un error, ése no fue él.
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