Sol Campbell

El miércoles volvió a la Premier League uno de los grandes clásicos: Sulzeer Jeremiah ‘Sol’ Campbell. El defensa inglés fue una pieza clave en el Arsenal campeón de la temporada 2003-2004 y se ganó el respeto de los gunners a pesar de proceder de su máximo rival, el Tottenham. Eso sí, cuando su rendimiento comenzó a disminuir en el centro de la zaga no tardaron los aficionados del Arsenal a criticarle y ponerle en el ojo del huracán. Su marcha al Porsmouth después de que el Arsenal perdiera la final de la Liga de Campeones (donde, por cierto, fue el autor del único gol de los gunners y primero de la final) no fue por la puerta grande, precisamente. Pero ahora, Arsène Wenger no ha dudado en recuperarle.

Ante el Aston Villa, el central del noreste de Londres adelantó su reaparición al tener que sustituir al lesionado Vermealen a la media hora de partido, formando pareja en la zaga con Gallas. La actuación de Campbell me impresionó gratamente, ante un equipo rival muy escurridizo y rápido al contraataque. Estuvo muy ágil en el corte, rápido y solvente a la hora de atajar balones aéreos y se compenetró muy bien con su pareja en el centro de la zaga y con Clichy, lateral izquierdo titular del conjunto londinense. A sus 35 años Campbell sigue demostrando (al menos a mí) que puede jugar a un gran nivel defendiendo el área de un gran club como el Arsenal, que esta temporada lucha con Chelsea y Manchester United por la Premier.

Sigo con el Arsenal porque me gustaría comentar el juego que está desplegando el equipo de Wenger. En el ecuador de las grandes Ligas en Europa, saco la conclusión de que hoy por hoy sólo Barça y Arsenal están desarrollando un fútbol de posesión, de toque y de combinación. La culpa, por así decirlo, la tienen dos cerebros de los respectivos equipos como Xavi y Cesc Fàbregas. El catalán emigrante a Londres está en uno de sus mejores momentos y no para de crecer. Ante los villanos estrelló un balón en el poste después de una gran jugada con finta de escándalo incluída. Defendió, creó, organizó y volvió a ser el mejor de los suyos. El Arsenal en Inglaterra es la antítesis del perfil de juego de la Premier: a falta de fuerza física no corre, crea.

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