Aquello de que el Barcelona regresaba a Getafe con ánimo de revancha es una milonga que ni el más ingenuo de los ingenuos se cree después de ver la enésima patética imagen que el equipo de Frank Rijkaard ha dejado tras su encuentro en el Coliseo Alfonso Pérez.
El Barça sigue sin escarmentar lejos de su estadio. Sigue sin dar el nivel. Como si no jugar en el Camp Nou le produjese pereza. Si en casa el conjunto blaugrana destapa cada vez que le viene en gana el tarro de las esencias, cuando coge el avión el tarro se lo deja en la Ciudad Condal. Laudrup ha sabido aprovecharse del mal endémico culé y ha salido victorioso gracias a que desde el principio, al revés que su rival, ha ido a por el partido.
El 4-0 con el que el Getafe humilló al Barcelona la pasada temporada en Copa ha quedado esta vez reducido a la mitad. Dos goles, uno en cada tiempo, que han confirmado que las palabras de Rijkaard después de jugar contra el Valladolid son sólo eso, palabras. No hay hechos sobre el tapete verde. A Messi, a Ronaldinho, a Henry, a los cracks blaugrana, no se les ve cuando el viento sopla en contra. El primero y el segundo han acabado sustituidos y el tercero también lo podría haber sido perfectamente.
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