El partido que esta tarde enfrentó al Bayer Leverkusen y el Villarreal FC en la ida de los octavos de la UEFA Europa League ha sido una demostración empírica de lo mucho que vale tener dos delanteros capaces de matar a un rival en jugadas aisladas. Rossi y Nilmar, dos delanteros bajitos y menudos que supuran talento por todo sus poros, le han dado más de media clasificación a su equipo con tres goles como tres soles.
Sorprendió la alineación escogida por Juan Carlos Garrido, que dejó en el banquillo a Nilmar, Cani y Cazorla. Las novedades sobre el once tipo del que hablaba en la previa fueron Marcos Ruben, que acompañó a Giuseppe Rossi en la delantera, el joven Wakaso Mubarak (vaya apellido para estos días…), que jugó por la izquierda, y la inclusión de Carlos Marchena en el pivote, lo que desplazó una vez más a Borja Valero a jugar de interior derecho. Tan bien lo hace habitualmente Valero en cualquier sitio que lo pongas que su entrenador lo está utilizando como comodín. Y es cierto que en el partido de hoy Valero estuvo muy bien jugando por el carril diestro, pero yo no soy muy amigo de poner jugadores en posiciones secundarias, y menos si se trata de la pieza clave del equipo, aquella que cuando juega, hace jugar a los demás.
El Bayer, a pesar de ser una escuadra con una media de altura muy superior a los castellonenses, no deja de ser un equipo de Jupp Heynckes, con predilección por tener el balón y jugarlo con sentido. El centrocampo alemán ganó la partida y dominó la primera media hora al ritmo impuesto por el chileno Arturo Vidal, un jugador que ha ocupado muchas posiciones diferentes en su vida, pero que viéndolo tocar la pelota parece nacido para dirigir un equipo desde la medular. Renato Augusto se movió muy bien entre líneas y el Bayer logró llevar el partido al campo del Villarreal y comenzó a tener ocasiones. Valero tuvo que apoyar a Bruno y Marchena para compensar la inferioridad por el centro, pero en una de éstas, el lateral Kadlec aprovechó un pasillo por su banda para lanzarse a la carrera, llegar a posición de tiro y clavar un chut cruzado durísimo que Diego López tocó pero no paró (min32).
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