Sí, es verdad, es muy bueno. Apunta maneras de crack, tiene todo para triunfar y se han puesto muchas esperanzas en él. Incluso se le compara con el gran Van Basten. Desde muchos medios ya se han encargado de sacar a relucir todas sus virtudes y logros, que son dignos a tener en cuenta. Su debut fue el soñado, marcar un gol en San Siro y abrazarse con su ídolo, Ronaldo. La alegría y el disfrute de este joven brasileño debe ser inmensa. Sin embargo, creo que hay que tener mucho cuidado con Pato.
Desde su fichaje el verano pasado, el mundo milanista esperaba su debut, su presidente ansiaba verle jugar y los elogios no han cesado desde el gran Mundial Sub20 que hizo. Todas las buenas expectativas que ha creado provocan que se olvide algo importante, su corta edad. Pato tiene 18 años, no es una estrella consagrada, ni un futbolista hecho, con experiencia ni galones. Por eso creo que se le están pidiendo, o se están esperando, demasiadas cosas de él en un plazo muy corto.
El entorno que hay ahora en el Milan no es el adecuado. Su actuación en el calcio ha sido hasta ahora para olvidar, incluso rayando el desastre y la vergüenza. Por eso, desde el mundo rossonero se aferran al chico para aparcar las malas estadísticas de la primera vuelta e inyectar esperanza y ganas de mejorar el juego desplegado hasta ahora. Con el chico y la vuelta de Ronaldo, el Milan vuelve a creer. Pero creo que se le está cargando demasiada responsabilidad. Cuanto más dé un jugador, más le puedes pedir. Y a Pato se le está pidiendo mucho más de lo que ha dado.
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