Wayne Rooney, delantero centro del Manchester United, vive en un permanente estado de incompresión con el mundo que le rodea. Jugador potente, joven, gran disparo con las dos piernas, buen lanzador de faltas, pasional, bravo…pero excesivamente temperamental. Su entrenador, Alex Ferguson, hombre de experiencia y paciencia, no cesa en su interés por calmar su ímpetu y exprimir sus cualidades. Es un grande y huele a éxito.
El ‘chico malo’ (octubre de 1985; Liverpool) no consigue aplacar sus malos modos dentro y fuera del campo. Tras el partido de Inglaterra en Croacia para la Eurocopa 2008 (resultado final: 2-0), Wayne Rooney protagonizó un incidente con un aficionado inglés. El delantero se dirigía al autobús después de salir del vestuario y ante los insultos reiterados de un hincha, prefirió el gesto poco decoroso a la constricción profesional.
El representante de Rooney ha hecho el papel de ‘babysitter’. “Cualquier gesto que Wayne (Rooney) haya hecho fue dirigido a uno, y sólo a un aficionado inglés en particular, cuya conducta hacia él molestó a los otros jugadores ingleses que lo vieron y horrorizó al resto de los aficionados ingleses”. Y añadió: “Wayne tiene un gran respeto por los hinchas ingleses. Acepta y entiende su molestia por el resultado de anoche”.
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