El Villarreal apunta alto. Enfrascado en la lucha por el tercer puesto con el Valencia en la Liga BBVA, está paseando su gran fútbol por toda Europa. Y eso que no ha tenido un camino fácil: para llegar al encuentro de anoche ha tenido que eliminar a potentes equipos de Italia y Alemania, Nápoles en dieciseisavos y Leverkusen en octavos. Ambos clubes eran los segundos clasificados en sus ligas en el momento en que se cruzaron con el Submarino Amarillo. Pero el bombo no se contentó con ello y para la ronda de cuartos dispuso que los castellonenses tuvieran que verse las caras con el Twentee, líder en solitario de la Eredivisie holandesa.
Garrido no se fiaba un pelo de los tulipanes y, a diferencia de rondas anteriores, alineó un equipo que podríamos calificar como de gala, con Marchena acompañando a Bruno en la medular, Valero y Cazorla en bandas y la letal pareja Nilmar-Rossi en la vanguardia. Salió muy fuerte el Twentee, demostrando su gran poderío físico con una presión que durante veinte minutos ahogó el juego combinativo del Villarreal. Sin embargo, allá donde se supone que siempre se impone la potencia física fue donde los amarillos encontraron el primer escalón al cielo: un córner botado por Valero, que Catalá prolongó en el primer palo para que Marchena rematar a la red para adelantar a los suyos.
El gol sirvió a los locales para soltar toda la tensión y comenzaron a tocar la pelota como a ellos les gusta. A los holandeses les afectó el tanto recibido y el buen planteamiento táctico del primer cuarto de hora se fue resquebrajando como un cristal, lenta pero inexorablemente. Los chicos de Garrido fueron ganando presencia minuto a minuto y el segundo gol parecía estar maduro pero no acababa por caer del árbol. Del otro lado los tulipanes ya suspiraban por llegar al descanso sin ninguna herida más pero todas sus esperanzas se cayeron a un pozo en tres minutos maravillosos para el Villarreal.
Editores 9
Comunidad 0