Con una Holanda ya clasificada para los cuartos de final, contra un rival que dio oportunidades a buena parte de sus habituales suplentes, Rumanía, que dependía de sí misma para pasar de ronda y medirse, de esta manera, a España, falló cuando más sencillo lo tenía. Nadie hubiese apostado por el equipo de Victor Piturca cuando quedó emparejado en el difícil grupo de la muerte de la misma manera que pocos creían que llegarían al tercer y definitivo partido con claras opciones de estar entre los ocho mejores. Los nervios, la presión y un serio rival han acabado con la ‘cenicienta’ del torneo.
El pecado mortal de los rumanos no fue salir a por la victoria. Los tres puntos le habrían dado la clasificación, pero se vio superada en todo momento por los reservas de Marco Van Basten, que demostraron máxima profesionalidad y que con su triunfo, el tercero de tres, dejaron muy claro lo que muchos ya sabíamos: el banquillo naranja cuenta con artillería de sobra. De ello habrá tomado nota su rival en cuartos, que saldrá del Rusia-Suecia de este miércoles. Cualquiera de los dos, visto lo visto hasta la fecha, no parecen que vayan a frenar el camino hacia lo más alto que han emprendido los futbolistas neerlandeses, aunque en el fútbol, y no hay que echar la vista muy atrás, se han visto sorpresas más llamativas.
Rumanía, como decíamos, pereció ante sí misma. Apostando por las contras en lugar de jugarse el todo por el todo, vio como el dominio holandés le ganaba la partida cuando trataba de acercarse a la portería de Stekelenburg. Mutu parecía una isla arriba, con apenas opciones de inquietar. Huntelaar, que si no fuese porque delante tiene un cazagoles por antonomasia como Van Nistelrooy sería titular indiscutible, anunció con una imprecisión que olía a gol, que de amaño, nada. Luego sería Robben, a pase del ariete del Ajax, quien pondría a prueba a Lobont. Los rumanos gozaron de su mejor oportunidad cuando Codrea, en los últimos compases de la primera mitad, desaprovechaba un pase de Rat mandando fuera el esférico.
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