No pretendo repetir lo que siempre digo del Atlético de Madrid. Bueno, lo haré de forma breve, sólo para contextualizar este artículo. Pienso, como vengo diciendo desde años atrás, que los colchoneros tienen un equipazo arriba, una media nada fuera de lo normal y una línea de atrás vulgar, aunque haya mejorado este año con la incorporación de Asenjo. Por eso no me extrañó que fuera a Málaga y le metieran tres… Sin embargo, hay cosas que no cuadran en el equipo de Abel. Lo lógico es que el Atlético, por sus malos defensores, reciba muchos goles, pero también que haga incluso más, debido a la mucha y excelente dinamita que atesora.
El hecho de que el Atlético fuera incapaz de ganar a un Racing con diez y al Apoel chipriota, exige esbozar un análisis mucho más profundo de lo que se venia diciendo, al menos yo, hasta ahora. La pregunta es obvia: ¿cómo puede ser posible que Agüero, Forlán o Simao Sabrosa no le metan un gol al campeón chipriota? Creo que la respuesta da para rato, pero tengo tiempo y quiero mojarme.
Obviamente algo falla si a los monstruos que hay arriba se les encasquilla el gatillo. “El fútbol es un estado de ánimo”, dicen en ocasiones algunos veteranos curtidos en mil batallas. Es una frase recurrente, sí, pero no por ello menos cierta. Parece absurdo decir esto, pero en ocasiones da la sensación que el balón entrará lamiendo el palo en vez de impactar en él, si el jugador está crecido psicológicamente. Cuando uno tiene confianza le sale todo, eso es así. Y no solo ocurre en el fútbol, pasa en la vida misma, en nuestros trabajos y relaciones sociales.
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