Michael Laudrup deja el Getafe. En su primera campaña en nuestro fútbol nos ha demostrado que un equipo pequeño, hecho a base de cesiones y descartes, puede jugar un fútbol exquisito y acariciar los grandes éxitos. Obviamente Laudrup debe tener algo hecho para dar ese paso adelante y ojalá que se quede por España. En ese caso su destino podría ser Valencia o quizás Zaragoza si los maños aguantan en Primera. Laudrup, a pesar de que en el último tramo de la temporada haya protagonizado algunos desencuentros con jugadores del plantel y con el propio Ángel Torres, seguramente molesto por el estilo presidencialista de éste último, ha dejado un sello difícil de borrar.
Recuerdo su debut, en el Ramón Sánchez Pizjuán. El Getafe cayó goleado por 4-1, a pesar de que comenzó adelantándose. La explosividad de Diego Capel dinamitó a los madrileños, que se quedaron con nueve antes del descanso. Sin embargo, en igualdad de condiciones e incluso con uno menos, el Getafe le dio un baño a un Sevilla que venía de meterle cinco la semana anterior al Madrid en el Santiago Bernabéu. Quedé prendado por el orden y la ambición de los azulones, que avanzaban a pasos cortos pero constantes, siempre administrando el cuero con criterio, con nervios de acero… Fue el principio de una bonita historia, de otro año inolvidable para los del Alfonso Pérez Múñoz. El Getafe, con una gama de recursos bastante corta, en esta campaña ha bordado la perfección futbolística y de haber tenido un hombre gol quién sabe lo que podría haber llegado a dar.
A Laudrup le llega sin duda su gran momento. Yo hubiera apostado por él sin duda para que dirigiera el Barça. Después de su primera toma de contacto en una gran liga, lo que realmente necesita ahora es un conjunto grande, con buenos jugadores, que le permita aspirar a grandes cotas. Será como una especie de prueba de algodón para el danés, porque hartos estamos de ver como entrenadores que triunfan en conjuntos pequeños se acaban deshinchando en los grandes. Si de mojarse se trata, apuesto por Laudrup tanto aquí como en el extranjero. Estoy plenamente convencido de que está llamado a hacer cosas enormes porque ha sabido traducir a la pizarra la extrema elegancia que lucía cuando era futbolista. Y eso lo consiguen muy pocos entrenadores. Por ejemplo Schuster aún no ha dado con la tecla en este sentido.
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