El Mini Estadi ya no es ese feudo inexpugnable de la temporada pasada con Pep Guardiola en el banquillo del filial azulgrana (sólo dos empates cedió el Barça B la temporada pasada en Tercera División en casa). La llegada del filial del Barça a la categoría de bronce no ha sido la esperada. El nivel de la plantilla de Luis Enrique no tiene reproches, pero sí la puesta en escena. El Barça Atlètic ha pasado de ser un combinado de juventud guerrera y luchadora a un grupo copado por jugadores con experiencia pero sin conocimiento de lo que significa estar en la cantera azulgrana.
Ahí está el error y donde debe meter mano el técnico asturiano. Sorprende que, tras la derrota ante el Lleida, Luis Enrique haya declarado que el objetivo es mantener la categoría. No soy yo el que debe etiquetar los objetivos de cada equipo, pero me sorprende el poco nivel de exigencia para un filial con renombre y con una plantilla hecha, a priori, para luchar por los puestos cabeceros.
No me sirve la excusa que siempre se suele poner en estos casos. El cambio de categoría, lógicamente, es un aspecto a tener en cuenta, pero no cabe duda de que no es un impedimento ni un recobeco recoveco donde agazaparse en tiempos de crisis. En el mismo grupo donde milita el Barça Atlètic en la presente campaña (el tercero), el año pasado un Girona intratable consiguió el ascenso a la categoría de plata una temporada después de subir el difícil escalón de la Tercera División.
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