A pesar de que cuando hablamos de resultadismo se nos viene a la cabeza casi de forma repentina la figura de Carlos Salvador Bilardo, lo cierto es que uno de los grandes precursores de la filosofía de ganar al precio que cueste fue el mítico Helenio Herrera, un técnico legendario, vencedor por excelencia, y revolucionario del fútbol de sus días. Herrera cambió las concepciones de la época, priorizó la zaga al ataque y desarrolló hasta el máximo exponente los contragolpes. Sus equipos avanzaban desde atrás, amparándose en una incontestable solidez defensiva. Con esa forma de juego triunfó en España con Atlético, Sevilla y Barcelona y más tarde forjó el Inter más grande de la historia, el mejor conjunto de la década de los sesenta, una máquina de ganar que asoló a Europa y al mundo. Muchos años después de que HH dejara el banquillo neoazurro, llega a San Siro el que para muchos es su reflejo moderno. José Mourinho será finalmente el técnico que sustituya a Mancini, con un objetivo claro en el horizonte: levantar la Liga de Campeones que se le resiste al Inter desde la época de Herrera.
Dicen los cronistas de la época que El Mago llegó a sancionar a uno de sus futbolistas cuando dijo “vamos a jugar en Roma”, en vez de “vamos a ganar en Roma”. Mourinho tiene mucho de Herrera. Es polémico y ganador, detesta la derrota. También resulta presuntuoso, es detestado por muchos, pero los recelos que despierta responden a su indiscutible éxito, a su habilidad para hacer trizas Europa con el Oporto y convertir en bicampeón de la Premier al Chelsea. Mourinho, como Herrera, que tenía las agallas de decir en la previa de un partido que su equipo ganaría sin bajarse del autobús, es amigo de las emociones fuertes y elude el verbo fácil de aquellos que proclaman a los cuatro vientos la belleza del juego como la única verdad. En el Sevilla, por ejemplo, HH no tuvo reparos en apartar del equipo a su jugador más técnico, Ramoní, tras advertirle en innumerables ocasiones de que se dejara las florituras para casa, que buscara lo fácil en vez de los alardes.
Mourinho es un maestro de la psicología, que al igual que Herrera empapa a sus futbolistas de la palabra victoria, los convierte en monstruos que trituran a contrarios sin compasión, sabedor que el fútbol es algo más que 22 jugadores, un balón y decisiones tácticas. Existe un componente extra que es decisivo, el estado de ánimo de los futbolistas. Y Mourinho esa parcela, como ocurría con Helenio, la domina como nadie.
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