Queiroz

Cristiano Ronaldo y Lionel Messi son, para la mayoría de la gente, los dos mejores jugadores del mundo. Claro que habrá quien quite a uno para poner a Xavi, o quien prefiera a Rooney antes que al otro, pero si hiciéramos un cómputo global, éste acabaría elevando a los jugadores franquicia de Madrid y Barça por encima de todos los demás, tal y como se ha reflejado en el Balón de Oro de los dos últimos años: primero y segundo, segundo y primero.

Así que no es de extrañar que, para este Mundial que ya enfila su recta final, se esperara mucho de CR7 y del Diez de Argentina, pero con lo que no contaba nadie era con que sus seleccionadores fueran dos extraños ajedrecistas. Queiroz ha querido que Cristiano no sólo fuera su dama, sino también su alfil, su caballo, su torre y hasta su peón. Para Maradona Messi no deja de ser su dama, pero ha organizado una estrategia que mantiene a su reina fuera de sitio, sacrificada en la lucha del centro del tablero e inhabilitada para moverse en las zonas en las que podría hacer más daño.

Atendiendo a los resultado actuales, al seleccionador luso no le ha salido bien su táctica. Siendo Cristiano el primero que no creía en la estrategia de su entrenador, el resultado no puede ser peor: CR7 sólo ha anotado un gol, el sexto del 7-0 a Corea del Norte, y Portugal sólo fue capaz de marcar en un partido de los cuatro partidos disputados. Tras el 4º puesto en Alemania’06, la caída de Portugal en octavos, aunque fuera contra España, debe ser juzgada como un fracaso. Y Cristiano Ronaldo, por hache o por be, ha jugado su segundo mundial con más pena que gloria.

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