Osasuna va para arriba, es algo que se viene viendo desde finales del pasado año, de hecho tanto yo como mi compañero Raúl Morón hemos apuntado en pasados posts la clara mejoría de los rojillos. José Antonio Camacho, sin duda, ha resultado ser el técnico ideal para esa cruenta guerra por la salvación, en la que cada partido es una final para lograr tomar aire rumbo a los psicológicos 42 puntos. Sin encandilar, pero con pundonor y gallardía, que en esas situaciones suele ser imprescindible, los navarros están sacando sus partidos adelante, en concreto cuatro victorias, tres de ellas ante rivales directos, tres empates y una sola derrota ante el Sporting desde comienzos de febrero, dibujan una evidente línea ascendente que, aunque aún no le ha servido para salir todavía de las posiciones de descenso, dentro de poco valdrá para salir de ahí. Este domingo derrotó in extremis al Espanyol, que sin duda ya es carne de descenso, pues los números que debería cuadrar para escapar de la quema entran en la dimensión de lo quimérico.
Está muy apretada la tabla por abajo. Al décimo, Racing de Santander, sólo le separan cuatro puntos con respecto a Osasuna, entre medias están implicados Betis, Recre, Athletic Club, que se ha descuidado de lo lindo tras meterse en la final de Copa, Getafe, Almería, Mallorca y Sporting… Todo eso cuando quedan diez jornadas para el final, en las que habrá enfrentamientos directos prácticamente cada semana.
Creo sinceramente que Osasuna va a salir de la zona de descenso, Espanyol y Numancia, que aún hace la goma, lo tienen mucho más complicado. Los catalanes apenas reaccionan y su victoria en el Camp Nou sólo fue un espejismo. Lo que le está ocurriendo en las últimas jornadas, severos palos en choques en los que incluso mereció mejor suerte, es característico de equipos condenados al descenso. Además, aferrándonos a las matemáticas, los de Pochetino necesitarían un mínimo de seis victorias y varios empates para salvarse, algo bastante improbable, por no decir imposible.
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