El pasado miércoles vibré con sincera alegría cuando Eslovenia certificó su pase al Mundial de Sudáfrica, venciendo contra todo pronóstico a Rusia en la repesca. Eslovenia regresa al Mundial, tras su ausencia en 2006, un hecho inmensamente significativo, si tenemos en cuenta el reducido potencial futbolístico de este pequeño país verde y cautivador, donde el fútbol sólo tiene fuerza a nivel de selección, debido al bajo nivel de la liga y a la reciente crisis que ha sacudido al gigante de Ljubljana, el histórico Olimpia, que afortunadamente ha logrado emerger y ya compite con éxito en la máxima categoría.
Los eslovenos son amantes del fútbol, ciertamente, aunque hay otros deportes, principalmente el baloncesto, que están por encima en la antigua república de Yugoslavia. Allí la gente adopta el fútbol italiano, español e inglés como propio, dado el bajo perfil de sus equipos. Todas estas circunstancias dan un altísimo valor a la clasificación mundialista de un país con apenas 2.000.000 de habitantes, cuyo estadio nacional, el Ljudski de Maribor, apenas cuenta con capacidad para 12.000 espectadores.
En Eslovenia prima la fuerza del conjunto por encima de cualquier individualidad. No hay estrellas, basta con ver su once habitual. Bajo palos encontramos a Samir Handanovic, un buen guardameta que aún está en fase de aprendizaje. Su mejor baza es la altura, es titular en el Udinese y se haya plenamente consolidado en el Calcio. El resto de jugadores se ajustan un poco a ese perfil: buenos futbolistas que triunfan en equipos de la zona media de las grandes ligas, en el mejor de los casos. Veamos la defensa. El lateral diestro suele ser para Miso Brecko, como Handanovic, de 25 años, habitual en el Colonia. Cesar y Suler forman en el centro de la defensa. Ambos son de enorme envergadura, muy buenos por arriba, pero discretos. Cesar juega de titular en el Grenoble francés, mientras que Suler en el Gent belga. En el lateral zurdo Milan Jokic, suplente en el Sochaux es un fijo.
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