Egipto 1 – Ghana 0
Cuando ayer me conecté para ver el partido un cuarto de hora antes de su comienzo, me quedé alucinado al ver la cantidad de asientos libres que había en el estadio ’11 de Noviembre’ de Luanda. ¿Toda una final continental y el estadio sin llenarse? Se me escapa el porqué, si es que los africanos son más impuntuales que los españoles, si había más seguridad de lo habitual o yo qué sé. El caso es que con el paso de los minutos el estadio se fue llenando hasta casi completarse el aforo en su totalidad.
La primera parte fue un horror. Egipto suele ser muy ordenada, pero durante todo el torneo ha buscado la portería contraria con decisión, algo que no ocurrió ayer. Y Ghana, bueno, no esperaba más: bien cerraditos atrás, con mucho miedo a Los Faraones y a esperar si alguna deidad africana los empujaba hasta la victoria. En definitiva, cuarenta y cinco minutos tan soporíferos que me resultó verdaderamente difícil atender al partido, pues en la televisión tenía puesto el mucho más interesante y trepidante Arsenal-Manchester United.
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