
El fútbol nos sigue apasionando a todos, pero sería necio no reconocer que vive una época de mercantilismo, de profesionalismo a veces mal entendido y de resultados económicos por encima de casi todo.
Equipos sin apenas jugadores nacionales en las plantillas, futbolistas sin un mínimo apego a los clubes en los que actúan y organismos que dirigen este deporte sin contar a veces para nada en quienes, al menos espiritualmente, lo sustentan.
Todo lo anterior puede dar para un debate más amplio, pero el gesto de los jugadores del Slavia de Praga, arrodillándose, cabeza agachada, ante los seguidores que les habían acompañado en el largo viaje desde Praga hasta el Emirates Stadium.
En pleno, titulares y suplentes, pidiendo dignamente perdón ante su afición cuando realmente no tenían ni motivos; el Arsenal de Fábregas es ahora mismo el equipo que mejor juega en Europa y pese a lo abultado del marcador no es ninguna deshonra perder con ellos. Los aficionados, por su parte, esperaron a que sus héroes se levantaran del césped y les correspondieron con una gran ovación.
A un espectador imparcial del partido, el gesto le reconcilia con este deporte, le hace olvidar esperpentos recientes como el de Dida en Glasgow y le hace confiar en que el fútbol pueda ser algún día un deporte para caballeros jugado por caballeros.



Comentarios
Y luego están los mercenarios de siempre que les importa una mierda el equipo y que sólo ven dinero en su juego.
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