Historia de dos días de Fútbol 7

Jaime Iglesias 19 de julio de 2008 0 comentarios

FútbolA equipos grandes, grandes jugadores, grandes presupuestos, grandes canteras y por supuesto, grandes aficiones. Siempre se les exige siempre ganar, estar lo más arriba posible. Se les pide lo máximo a esos futbolistas que representan unos colores, un club y una ciudad. Tienen la obligación moral de hacer todo cuanto puedan en un campo de fútbol para contentar a los suyos. Lo que ya no me gusta es esas familias, esos amigos y algunos desconocidos que simpatizan con un club determinado y se dejan la voz exigiendo a unos chavales, que aún están en proceso de futbolista, que jueguen y metan goles como los que de Primera División.

A mediados del año pasado tuve la ocasión de poder ir el Torneo de Fútbol 7 celebrado en Lanzarote. Era la primera vez que disfrutaba de éste campeonato en vivo y en directo. Dos días de fútbol de niños ilusionados por ser el centro de atención, por ser por unos días como sus ídolos: salir por la tele, responder a preguntas después del partido y tener mucho más público del habitual. El forofismo de cierto equipo, y sólo ése equipo, no era el adecuado para un jugador de once o doce años de edad. Más que alentar, exigían, no les daban ánimos, les presionaban sin parar hasta que consiguieran hacer gol, y una vez conseguido, a por más. Lo que he visto esos dos días jamás lo he visto en otro campeonato de categorías inferiores. Sinceramente no encontraba diferencia alguna entre un partido de niños o de Primera División jugándose el descenso. La cercanía con el grupo de hinchas me hacía sentir vergüenza ajena. El fútbol es fútbol a todas las edades pero presionar de una manera casi obsesiva a un grupo de niños no creo que sea la mejor manera para que consigan llegar a Primera División.

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