Nunca te acostarás sin saber nada nuevo…ayer, mientras veía un documental sobre la historia de la selección brasileña de fútbol- la historia del fútbol con mayúsculas-, repasaba los famosos momentos y anécdotas que envuelven el periplo de la ‘canarinha’: El ‘maracanazo’ contra Uruguay en el Mundial de 1950, las figuras de Pelé y Garrincha, los momentos difíciles bajo la dictadura…
Y fue repasando el maravilloso Mundial de México en 1970, donde Brasil lució lo mejor de su juego, cuando aprendí la anécdota que no conocía. El capitán del equipo Carlos Alberto, cuando le entregaron la Copa Jules Rimet, besó el trofeo antes de levantarlo ante sus compañeros y su público. Ahora lo vemos como algo normal y casi tópico, pero en aquel momento fue el primer deportista que lo hizo, por lo menos ante las cámaras de la televisión de todo el mundo, de tal forma que fue una de las imágenes del campeonato.
‘No lo sé, fue una reacción…mi primera reacción. No había visto a nadie hacer eso. Pero cuando me lo dieron, tal vez fuera por lo bonito que es el trofeo…no es muy grande, pero tiene mucha importancia’. Se explica Carlos Alberto. El gesto más universal del mundo, el símbolo del amor maternal y el amor carnal, la seña de regresión a nuestros instintos más primarios, y tan difícil de explicar en realidad.
El capitán tenía sobradas razones para estar contento. Además de la importancia del título, ganado en un contexto político muy duro para su país y con un equipo que había maravillado al resto del mundo con su juego, Carlos Alberto fue el autor del último gol de Brasil ante Italia en la final. Un gol espléndido considerado uno de los mejores goles de equipo de todos los tiempos.
El balón salió de la zona defensiva Brasileña robado por Tostão y pasó por el pie de ocho jugadores- con demostración de habilidad incluída de Clodoaldo en medio- hasta que encontró a Pelé al borde del semicírculo del área. Los defensas italianos acuden a marcarlo y de repente el genio lanza un pase a la derecha, aparentemente para nadie. Pero allí aparece Carlos Alberto como una flecha para cruzar el balón y poner el 4-1 final bajo el sol asfixiante de México D.F.
‘Yo estaba ahí descansando, sólo quedaban tres minutos para el final. Y ahí, con esa altura…no, yo me quedo aquí tranquilo hasta que se acabe el partido. Pero cuando vi a Jairzinho pasar el balón a Pelé, entonces eché a correr’. Realmente, eran otros tiempos.
Vía | Documental BBC: Más que fútbol



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