Mis momentos de la Eurocopa: Una de griegos

4 comentarios

Grecia
La Eurocopa 2004 es la historia de un monstruo escondido en el armario. Un monstruo despreciado y ninguneado por todos, que ante la indignación y el espanto de los invitados a una fiesta, escapó del armario, se sentó a la mesa y glotón se comió trozo a trozo el pastel reservado a los elegidos.

Grecia acudió a Portugal, con el único objetivo de ganar su primer partido en una Eurocopa. Encuadrada en el grupo de la anfitriona Portugal, España y Rusia, su papel parecía reservado al de un mero comparsa en la competición. Su victoria en el partido inaugural frente a Portugal hizo saltar las larmas, pero sus credenciales eran paupérrimas. Un puñado de jugadores de los eternos Olympiakos y Panathinaikos, un delantero normalito del Werder Bremen como Charisteas, un divo como Tsartas en clara decadencia y Dellas, suplente de la Roma comandadando la zaga. Todos ellos dirigidos por Otto Rehhagel un veterano técnico alemán de vuelta de todo.

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El torneo se presentaba como el pulso entre Francia que como un viejo león resistía con los colmillos y garras ya gastados el envite de los nuevos aspirantes, y el soplo de aire fresco de equipos como Portugal, Holanda y por encima de todos la República Checa. Los de Karel Brukner realizaron un monumento al fútbol durante dos semanas. La prodigiosa generación de los Nevdev, Rosiky, Poborsky, o Koller hacían del balón una sinfonía de violines, un soneto a orillas del Moldava. Once demonios rubios que jugaban al fútbol como los ángeles. El concenso fue general, si había justicia poética en el “planeta fútbol”, la República Checa debía ganar aquella Eurocopa. Mientras iban cayendo las selecciones sus aficionados desertaban y se apuntaban al batallón de los estetas. España no fue una excepción, tras un fracaso aún más espantoso a las órdenes de Iñaki Sáez, tuvimos un revelación. Había que echarse en los brazos de aquellos alegres muchachos del Este.

Mientras, ajeno a disquisiciones estéticas, el monstruo iba despertando. El horrible Efesto se convertía en un apuesto Apolo. Cuando logró un empate ante España y perdió frente a una Rusia en inferioridad numérica para clasificarse para cuartos como segunda de grupo, nadie le dio importancia. Una prueba más de que España está muy mal decían. Pero cuando en un partido horrible mostró las vergüenzas de Zidane y “Les bleus” y se plantó en semifinales un temblor sacudió el campeonato. El caballo de Troya estaba abierto y el enemigo incendiaba con antorchas la ciudad.

Dellas el suplente de la Roma era un Leónidas transformado en muralla, Zagorakis como Aquiles hacía de cada del centro del campo un homenaje al sudor y la sangre. A su lado dos mirmidones de excepción como Giannakopoulos y Katsouranis. En la banda Seitaridis parecía calzar los pies alados de Hermes. Impertérrito como Zeus en el olimpo Rehhagel contemplaba desde el banquillo la magnitud de su obra. El aburrimiento y la muerte hechos fútbol, una masa informe luchadora, especulativa y letal hasta decir basta. Aracné tejiendo una malla imposible de romper. Un invento maligno con tres semanas como fecha de caducidad.

La tragicomedia griega se reservaba un episodio cruel. En semifinales se enfrentaba a la República Checa. Una cruzada recorrió Europa, no podía ser, Grecia debía perecer, el mundo no podía ser tan injusto. Oleada tras oleada el fútbol de fantasía checo se estrelló en el paso de las Termópilas que construyeron Dellas y sus muchachos. La alegre melodía eslava se resquebrajaba en un ruido de corcheas mustias. El gol del propio Dellas en la prórroga resonó en el viejo continente, como sólo pudo hacerlo la caja de Pandora abierta en la Grecia mítica. El desenlace de aquella Eurocopa ya estaba escrito, el monstruo se había comido al cisne.

La final fue un mero trámite, ni la condición de anfitriones de Portugal les hizo escapar al fatalismo que hizo presa de ellos. Las estériles filigranas de un todavía tierno Cristiano Ronaldo sucumbieron ante el entramado griego. Inexorablemente llegó el destino. Una sóla ocasión y Charisteas enviaba el balón a las mallas, al tiempo que ardía el Pireo. Fue el triunfo del antifútbol, de las películas en que ganan los gangters o las fábulas en que el ogro se come al héroe. Nada de eso importó a los griegos, que triunfantes y comandados por un Zagorakis que sonreía como Ulises, volvían con la Eurocopa camino de Ítaca.

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Comentarios

  • 1

    Avatar de Trigue !
    Trigue | 2 estrellas

    ¿Pone embite? Borrad este comentario si quereis cuando corrijais eso… pero hacedlo, por favor.

    Un saludo :)

  • 2

    Avatar de Semak !
    Semak | 1 estrellas

    Grecia no perdió el partido inagural de la Euro 2004, ganó a Portugal 2-1 (fue la gran sorpresa), quedó segunda de grupo porque perdió con Rusia.

    Saludos.

  • 3

    Avatar de tiburon1980 !

    El que escribio esto como que lo hiso pensando en otra cosa porque dice que grecia perdio el primer juego y resulta que grecia le gano el juego inaugural a portugal. No conforme con ese error dice que grecia le ganoa rusia cuando en realidad fue al revez, ese fue el uncio juego que perdio grecia en toda la competicion. En esta pagina como que cualquiera puede escribir??? sean mas serios por favor

  • 4

    Avatar de Javier Guzmán Cabrera !

    Yo no se por que gano el antifutbol. No entiendo por que no debio ganar Grecia. Acaso no era un equipo como los demas?? No tiene derecho a ganar?? Como dice tiburon1980, hay que ser mas serios. Que verguenza!!

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