El músculo de la Ligue 1 cada vez se importa más a España

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Emana

Cuando el Celta fichó hace ya diez veranos a Claude Makelele, nadie podía pensar que aquel jugador iba a marcar una época en el fútbol europeo. La descomunal potencia del futbolista galo, que le otorgaba un espíritu omnipresente en todo el campo, le hizo ser un perro de presa implacable que no tardó en fichar y triunfar en el Madrid, para luego extender en el Chelsea su amplísimo palmarés: una Champions, una Supercopa de Europa, una liga francesa, dos españolas o dos inglesas entre otros muchos títulos. Makelele dio una dimensión nueva al mediocentro y evidenció como la potencia en el doble pivote es fundamental para lograr el equilibrio adecuado en un equipo.

El músculo en Francia es algo común. Lo ponen los numerosísimos jugadores africanos que año tras año emigran a la Ligue 1 para hacerse un nombre en el fútbol europeo. Y en España ese perfil de jugadores todoterreno comienza a importarse. En el verano de 2006 el Madrid hacía un fuerte desembolso por Diarra, el verdugo en el mediocentro del Olympique de Lyon. El año pasado el Sevilla se traía por una cantidad escasísima, aproximadamente cuatro millones de euros, a Seydou Keita, otro portento de la naturaleza, capaz de abarcar todo el campo con su enorme resistencia física. Y este verano llegan jugadores del mismo corte, africanos con ganas de triunfar en una gran liga, por cantidades relativamente asequibles y con unas condiciones físicas fuera de lo común por estos parajes.

Obviamente, me refiero al camerunés Achille Emana y al marfileño Romaric, fichajes de Betis y Sevilla respectivamente. Ambos vienen de Francia, ambos son los líderes y pulmones de Tolousee y Le Mans respectivamente, equipos de nivel medio en Francia, en los que eran considerados figuras.

Emana representa justo lo que le ha faltado al Betis en los últimos años: contundencia y entrega en una medular que ha sido muy endeble en el pasado reciente. El salto de calidad que van a experimentar los heliopolitanos con este futbolista será notable, sobre todo porque al lado, tendrá a un jugón como Mehmet Aurelio, con el que puede formar un tándem excepcional. Obviamente, al conjunto de Chaparro aún le quedan muchos huecos por cubrir, más que nada una defensa tremendamente vulgar, pero el mediocentro era su principal problema y con Emana da un paso de gigantes.

Este camerunés es una bestia vestido de futbolista, que llegó a un Tolousse que militaba en la Ligue 2 y que lo ha dejado en órbita Champions, aunque este año no hayan ido muy bien las cosas. Sus números dejan son excepcionales. En seis temporadas ha disputado 220 choques, promediando más de 36 encuentros por año. A todo esto hay que añadir que tiene gol. En la temporada 06/07 hizo ocho tantos y en la 07/08 siete.

En cuanto a Romaric, un caso similar, pero en Le Mans. Comenzó su carrera en Costa de Marfil, desde donde dio el salto a Bélgica, jugando dos productivas temporadas en el Bereven, equipo en el que desarrolló fecundamente su faceta goleadora. Al Le Mans arribó en el verano de 2005. En los dos últimos ejercicios ha jugado 68 encuentros ligueros de 76 posibles, todos de ellos como titular excepto tres. Este año, de hecho, disputó las últimas cuatro jornadas del campeonato lesionado, prueba de su inconmensurable vigor, lo que provocó sin embargo que no entrenara durante aproximadamente un mes y compareciera en Nervión en baja forma. Sin No obstante, en a penas diez días ha bajado ocho kilos de peso y ya roza su estado ideal, aunque físicamente aún no está a tope.

Romaric es algo más estático que Emana, pero atesora tremenda calidad, con una zurda exquisita. Su fichaje fue un auténtico calvario para el Sevilla, porque el Le Mans intentó poner todos los impedimentos posibles para que se cerrara la contratación. El Sevilla con esta incorporación ha cerrado a un mediocentro del corte de Keita, con algo menos de potencia pero muchísima capacidad para mover el cuero.

Son dos ejemplos de una constante que se está estableciendo en el mercado. Hoy por hoy, los mediocentros se buscan en Francia más que en cualquier otro lugar, porque allí abundan jugadores de cualidades físicas extraordinarias, estéticamente correctos, e incluso más que correctos, y a precios que pueden ir de seis a ocho millones de euros, bastantes razonables. La Ligue 1 es hora mismo un vivero inagotable para la medular y en España esto se deja ver.

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