Uno de los partidos con más morbo que nos dejó la cuarta jornada de la Liga BBVA fue el que enfrentaba a Real Zaragoza y RCD Espanyol en La Romareda. El gran aliciente para los locales era el de ver a Luis García medirse al que fue su equipo durante seis temporadas. Por el contrario, para los visitantes el principal contratiempo lo conformaba la simple presencia del asturiano, capitán periquito en su último año, líder indiscutible del vestuario e integrante del mejor momento que recuerdan en los aledaños de Cornellà-El Prat, la final de la UEFA Cup ante el Sevilla.
La marcha de Luis García de Barcelona no fue la soñada por el ‘10’, que hace unos años, cuando todavía no superaba la treintena y se erigía temporada tras temporada como mejor jugador blanquiazul, rechazó varias y tentadoras ofertas del extranjero (me viene a la cabeza alguna del Benfica, por ejemplo), por amor a unos colores que sentía como suyos. Su adaptación a la Ciudad Condal y a la entidad fue total y como prueba de ello, las lágrimas que derramó el día de su despedida, en una rueda de prensa muy emotiva, precipitada por una operación relámpago que le llevó a Zaragoza.
Fue llamativo su adiós. No se suele marchar el capitán de un equipo, con su teórica importancia, cuando el candado del mercado está a punto de echar el cierre. Pero su relación con Mauricio Pochettino no era del todo del agrado del argentino, que prefirió quitarse un problema de en medio antes que apostar por la calidad de un jugador que siempre lo dio todo por el escudo del Espanyol. Para más inri, su sustituto no fue otro que Walter Pandiani, que un cuatro de años atrás también se había desvinculado del equipo y que se encontraba libre, a la espera de un jugoso contrato.
Y mientras el uruguayo comenzaba en el banquillo, Luis García afrontaba el duelo como titular, con unas endiabladas ganas de venganza no a su ex equipo, sino al técnico que prefirió que se marchara tras tantos días de gloria y sufrimiento. Y así, como el tira de amnesia por momentos, marcó el primero de los maños a la media hora. El choque, que no fue precisamente de esos que se graban en vídeo para luego mostrarle a los chavales, tomó otros derroteros y Javi López, casi sin querer, firmó la igualada en 71’. A falta de tres minutos, el propio defensa agarró dentro del área a Lafita.
El encargado del lanzamiento desde los once metros no fue otro que Luis García, pero esta vez su disparo, un zambombazo, fue repelido por un Cristian Álvarez muy acertado. Cuando los aficionados zaragocistas enfilaban el camino a sus casas, un balón colgado al área terminó en las botas del asturiano, que esta vez, más afinado asombró en el 91’ con un tanto que vale tres puntos de oro y que sirve, además, para mandar un mensaje a Pochettino, que desde el banquillo presenció cómo un jugador que podría formar parte de su plantilla, le hacía perder un partido clave. Como durante el mercado de fichajes, en el último minuto.
Foto | Real Zaragoza




Comentarios
Creo que hay un par de errores en este artículo.
Primero es comentar que Pandiani no substituyó a Luis García. Y no sólo no substituye a L.García, si no que ni siquiera vino a substituir a Osvaldo como, creo, se dijo en otro artículo en este blog. Pandiani viene a ser suplente y a aportar experiencia y sabiduría al banquillo.
Lo segundo es comentar que Pochettino se deshizo de L.García porque no se llevaban bien. Yo desconozco la relación personal que tienen ambos, pero la razón principal no fue por Pochettino, sino de la directiva que ha realizado una limpieza salarial de las nóminas superiores al millón de euros.
Viva los blogs sensacionalistas! Mira que soleis escribir poco sobre el Espanyol, y lo poco que lo haceis, sin ningún tipo de rigor... Cuesta mucho informarse un poco, sí...
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