En el entorno del Levante debe de haber un peligro palpable y entendible. Porque su único objetivo, por el que el equipo tiene que luchar, está hoy más difícil que en agosto. La salvación es algo que se antoja cada vez más complicado entre los equipos más humildes. Hasta las últimas jornadas, incluso hasta los últimos minutos de la temporada, no se sabe quién cae y quién se mantiene. Pero es que el Levante no da una. Van nueve jornadas disputadas y un solo punto conseguido. Cifras de equipo de segunda división para navidades.
Pero el equipo tiene otro problema peor que las cifras, el juego. No parece que exista una progresión, un aumento de la moral y de las ganas. El equipo está muy tocado. La destitución de Abel Resino no trajo nada nuevo. Siguen llegando las derrotas y aumentando la desesperación y la angustia. Como ninguna de estas consecuencias son positivas, se necesita un cambio drástico y rápido. Algo que evite el desastre que se acerca irremediablemente.
En primer lugar, creo que el cambio de entrenador ha sido un error. No porque Abel lo estuviese haciendo bien, sino porque su sustituto aporta todavía menos. No es lógico ni aparentemente coherente decantarse por un entrenador de medio pelo, que ha estado a caballo entre la serie A, B y C, y que encima es extranjero. Un total desconocedor del equipo, de la Liga, de todo. La plantilla no necesita un “nuevo”, sino un revulsivo. Creo que el margen de De Biasi debería ser muy, muy escaso.
Pese a todo, la plantilla del Levante no es tan endeble como para conseguir un punto de 27 posibles. Por eso es evidente que algo pasa en el club. Hoy visitan El Madrigal, sin duda una victoria daría muchas alas al equipo, pero donde tienen que ganar es en casa. Deben empezar a sumar en su estadio de tres en tres desde ya, porque sino ese peligro que ahora se huele, va a llegar y a apestar a todos. Y cuando se pegue a la ropa, no tendrá remedio.


