
Se estaba postulando Independiente, otro grande que no se encuentra, a hacer algo importante en este Apertura. O al menos eso creía su técnico. Efectivamente, el Tolo Gallego sacó pecho tras el último triunfo logrado ante el potentísimo Estudiantes en casa… Pero Vélez le devolvió este viernes a la realidad, la que dicta que el Fortín es quien manda en este campeonato, guste o no al resto, por mucho que esté peleando en dos frentes a la vez, Libertadores y torneo local… Sin duda, el equipo del Tigre Gareca tiene todo para hace historia en este último semestre de la temporada.
Gallego soñaba con los ojos cerrados cuando decía que el Rojo estaba para ganar el Clausura. Este técnico de indudable éxito, ex centrocampista nacido en Newell’s y cocido con triunfos en River, tiene la nota anecdótica de haber salido campeón en sus primeras experiencias hasta con cuatro equipos. En Núñez ganó el Apertura 94, en Independiente el Apertura 02, en la Lepra el Apertura 04 y en Deportivo Toluca, México, el Apertura 05… Sí, Gallego, que nunca jugó para Independiente, se hizo ídolo de la Doble Visera, por hacer campeón a los de Avellaneda, un año después que campeonara Racing, curiosamente de la mano de Reinaldo Merlo, el hombre con el que tuvo que competir Gallego a comienzos de los ochenta por ser titular en River…
Pero todo eso es ya historia. La realidad es que aquel Independiente campeón tenía verdaderos mimbres, hombres que atravesaban su mejor momento de juego, una generación espléndida con el Cuqui Silvera a lo matador, Rolfi Montenegro, Pocho Insua y Lucas Pusineri en el medio, Gaby Milito atrás… Estamos hablando de un auténtico equipazo, nada que ver con lo que hay hoy. Independiente, como ocurre con el resto de grandes argentinos, se haya en un proceso de verdadera vulgarización.
Basta con acudir a Avellaneda y comprobar cómo late el universo del Rojo. El campo se ha reformado, aparentemente es un estadio moderno, pero aún queda mucho por hacer. Sus instalaciones anexas se caen, literalmente se caen. El centro de formación pegado a la cancha, así como el pequeño pabellón, se han quedado atrapados en el tiempo. Si en Buenos Aires se sufren las consecuencias de la severa situación económica del país desde hace ya una década, mucho más al otro lado del Riachuelo. Independiente sufre, pese al aire moderno que aporta su estadio, y nada entre la mediocridad intentando no ahogarse.
Y esto no es hablar por hablar. Para muestra, un botón: el goleador de este equipo es el Cuqui Silvera, el mismo que en 2002, sólo que ahora tiene 32 años. El Cuqui sigue marcando, de hecho lleva cuatro en el torneo, pero nada que ver con lo que fue a comienzos de la década. En los últimos años el Rojo no ha hecho más que deshacerse de sus mejores hombres, hasta de su gran símbolo, el Rolfi Montenegro, el hombre que más ha amargado en los últimos años a Racing en los clásicos de Avellaneda.
En esta campaña se hicieron interesantes fichajes en el centro del campo, como Acevedo y, sobre todo, Ignacio Piatti, que pese a ser de La Plata, no tiene nada que ver con el que juega en el Almería, pues de hecho procede de Gimnasia. Ignacio es un hábil y muy técnico centrocampista ofensivo, pero incapaz de cargar con todo el peso del equipo. Lo cierto es que Independiente tiene un buen equipo, como para no sufrir e incluso pelear por el acceso a las copas, porque tiene armas y juega bonito, con buena disposición ofensiva… Pero nada más, no tiene capacidad para aspirar al título, por más que Gallego se ilusione.
El Rojo quedó ridiculizado este viernes ante Vélez, que lo bailó en a segunda parte, saliendo con un equipo plagado de suplentes. No jugaron de la partida Domínguez, Otamendi, Emiliano Papa, Morález, el Tanque Silva ni Hernán López… Y poco importó, porque Vélez siempre es lo mismo, un 4-3-1-2, con ese enganche que cada vez es menos difícil de lucir, sin importar los nombres, porque la maquinita funciona sola, ajena a los individuos. Sí, con los no habituales Vélez liquidó sobrado al Rojo, con la ayuda, eso sí, de Maxi Morález desde el banco en el segundo acto, que marcó otro tanto, de penalti, y sigue confirmándose como uno de los mejores jugadores del campeonato, pese a sus 161 centímetros.
Es el contraste entre un grande y otro equipo que pese a no serlo considerado por la historia, sí muestra, al igual que Estudiantes, una gran regularidad en las últimas décadas. Independiente es el sueño de Gallego, sólo eso, mientras que Vélez es la briosa realidad de Gareca, aquel bravo atacante que de niño soñaba con salir campeón con los de Liniers. Lo ha logrado tanto como futbolista como técnico. Pero aún puede hacer mucho más.


Comentarios
¿Diego Milito jugó en Independiente? Ni enterado. ¿De defensor? ¡Que raro! Y hora está imparable como delantero. Siempre es bueno que gente que sabe mucho nos enseñe. ¿Astros esos muertos de Independiente en el 2002? Juan, mejor mirá los partidos porque opinar sin saber te deja muy mal parado.
Germán, siempre se echan de menos tus comentarios absurdos. Obviamente, me refería a Gaby Milito, más allá de que me equivocara del nombre, pues bien sabes que Diego jugó y salió campeón con Racing... En fin, gracias por tu partícular forma de entender los errores.
Saludos
Creo que está claro que quiso decir Gaby Milito, el del Barca.
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