
El fútbol hizo justicia ayer con un hombre, el Turco Mohamed, que esta mañana llorará menos, aunque seguirá llorando porque su herida no está cerrada. Antonio Mohamed es un mito viviente de Huracán, el considerado por muchos sexto grande de Argentina. Apodado el Turco, un gol suyo dio el ascenso al Globo en la temporada 89/90 para regresar a Primera tras su primer paso por la Nacional B. Mohamed es considerado uno de los más grandes del club de Parque Patricio y también un jugador de selección, con la que jugó más de setenta partidos y ganó una Copa América.
Mohamed colgó las botas y pasó a los banquillos. Dirigió a Huracán en segunda y le faltó el canto de un duro para ascender. Entonces le visitó la tragedia. Fue al Mundial junto a su familia para seguir a la selección argentina. Cuatro días después de la eliminación de la albiceleste, tuvo un grave accidente en el que murió su hijo de nueve años. El palo fue muy gordo. El palo fue enorme.
Ahogó sus penas el Turco volviendo a los banquillos. El presidente Carlos Bagingtón, otro mito del equipo, pues salió campeón como jugador y logró dos ascensos dirigiendo, le ofreció la dirección de Huracán, que estaba realmente mal. Y volvió, ante Unión de Santa Fe, en cancha de Ferro. Miles de hinchas de del Globo no pararon de alentarle e incluso Diego Armando Maradona acudió al choque para apoyarle.
Desde entonces Huracán ha ido a más. Lo ha ganado casi todo y se clasificó para luchar por el segundo ascenso, ya que el primero fue automático para Olimpo. En la vuelta cayó ante San Juan por 3-1, no valiéndole el 1-0 de la ida. Fue un palo gordo para el mundo Globo, porque el ascenso era algo totalmente necesario, básico para seguir caminando, más si cabe con el campeonato del íntimo enemigo, San Lorenzo, que duele y mucho.
Había una nueva oportunidad, ante Godoy Cruz a doble partido. 2-0 en la ida, con un grandísimo Huracán en casa, con una grada volcada, con un equipo tocando bien la bola, acariciando el cuero con el clásico estilo que impuso en el club Menotti en la época que campeonaba. Había que jugar la vuelta. A 1.100 kilómetros de casa, en Mendoza. Seis mil hinchas se desplazaron para seguir al Globo y verlo subir. Y se llevaron la fiesta. Porque se puso 0-2 y aunque el Tomba empató y puso el miedo en el cuerpo, pero Raúl Gordillo evitó sobresaltos con el definitivo 2-3, confirmando un ascenso ansiado desde hace cuatro años, cuando por tercera vez este histórico tuvo que regresar a la B.
Dijo el Turco que en el tercer gol vio la cara de su hijo Faryd. Al final del partido lloró de forma desconsolada agarrado a un rosario. Era su victoria. La victoria de Parque Patricios. La victoria del fútbol argentino, porque Huracán es un grande y tiene que estar con los mejores.


Comentarios
grande el globito. no conocía la historia del turco y es realmente tremenda. lo que no me quedó claro es por qué ha tenido una segunda oportunidad el huracán para el ascenso.
Lo de imitar el acento argentino tal vez te funcione con las chicas, Baeza. Pero escribir en este blog como si fueras porteño es un bastante patético.
Trackbacks