
Lanús sigue viento en popa hacia su sueño. Ramón Cabrero, ese santanderino que se fue de España con cuatro años y que luego como futbolista vistió varias camisetas de equipos nacionales, como la del Atlético de Madrid, está a sólo cuatro fechas de darle un beso de tornillo a los dulces labios del éxito. La historia de Lanús y Cabrero es linda a más no poder. El triunfo de Lanús es el trabajo del fútbol base, de la cantera, de un proyecto deportivo concebido desde abajo.
Cabrero es un hombre de Lanús, pues allí comenzó su carrera futbolista y siempre sintió en grana. Es un profesional implicado, que vive sólo a varias manzanas del estadio. En los últimos años trabajó las categorías inferiores del club, uno de los principales viveros del fútbol argentino. En 2005 dio su salto al fútbol europeo, dirigiendo al Dyinamo de Tirana, pero no triunfó en Albania y regresó cuando le dieron la oportunidad de entrenar por primera vez al equipo de su vida. Cogió a Lanús en 2005 y desde entonces no ha hecho más que acumular logros, con un subcampeonato incluido, todo basándose en la promoción de jugadores de categorías inferiores, cachorros que él mismo domesticó años atrás. Es por tanto este técnico español el padre de una apuesta osada por lo novel que cuando faltan cuatro jornadas para que finalice el Apertura, está a un paso de alcanzar la cima.
No ha importado que año tras año el mercado haya ido desvalijando al equipo. Ya no están Leto ni Fabianni, pero poco importa. Ramón no para de sacarse chavales de su chistera. El último es un centrocampista, Sebastián Blanco, al que le dio la camiseta ayer ante Tigre por una de las estrellas del equipo, Laureano Acosta. Blanco la rompió con un partidazo y Lanús ganó 2-1, quedándose como líder en solitario a tres puntos de Boca. Es la enésima apuesta arriesgada de Cabrero, que de nuevo volvió a ganar.
Lanús es un caso peculiar en el fútbol argentino. Cabrero tiene una concepción del juego plenamente europea. Sus equipos se caracterizan por prescindir del típico enganche tan propio de esas latitudes. El Granate juega con un 4-4-2 sin paliativos. Siempre al ataque, tanto a domicilio como en casa, y siempre con múltiples vías de acción. Si no la monta Pellieteri, te la hará Aguirre, o Acosta, o Valeri o Bligieri. Todo este ramillete de emergentes jugadores llamados al triunfo, han encontrado en José Sand, el condimento que este equipo necesitaba para aspirar a algo grande de verdad. El delantero de Bella Viste, fichado este verano, lleva once goles en el torneo y con su ‘veteranía’, 27 añitos, es un complemento ideal a tanto talento jovial que viene empujando fuerte desde atrás.
No obstante, aún queda mucha tela que cortar. Cuatro fechas es un mundo, más cuando Lanús debe recibir a Boca, que ahora es segundo a tres puntos. El Xeneize volvió a ganar un mes después. Lo hizo en cancha Académica, con un golazo de Nery Cardozo, prácticamente lo único bueno que ha hecho este hombre en el torneo, otro de Palacio y por último un penalti transformado de Palermo, que ya está más cerca del record de anotación de Pancho Varallo.
Boca ahora va a ir con todo. Es un grande y depende de sí mismo si gana en Ciudad de Lanús. Boca es Boca de modo que ahora mismo cuenta tanto como el Granate. Otra cosa es que Boca no esté en su mejor momento, porque golear a Racing hoy en día no es para tirar cohetes. ¿Qué hacemos con Racing? Buena pregunta. Sus aficionados otro campeonato más se tendrán que conformar con agachar la cabeza y ahora mismo su única esperanza está en ganar el clásico ante Independiente, que ya llevan unos años sin celebrarlo. Y ojo, que no se descuide la Acadé, que la promoción acecha.
Hubo más clásicos. Independiente y River nos brindaron un partido trepidante en el que ambos pudieron ganar, pero acabaron empatando, cosa que no les sirve a ninguno. El Rojo empezó dando primero por mediación de Matheu, pero empató Belluschi. El empate no le sirve a nadie. Independiente se queda a cinco puntos del liderato. Es increíble como el equipo de Avellaneda se ha borrado de un campeonato que le sonreía hasta hace bien poco. Y River, parece que a River se le ha acabado la buena racha post superclásico. El título es ya casi misión imposible y las esperanzas tiene que centrarlas en la Sudamericana. Passarella así lo ha reconocido.
Es la única tabla de salvación para el ‘Kaiser’, pero por el bien del club lo más sensato sería que cuando finalizara el Apertura se le picara billete. Ya ha tenido muchísimas oportunidades y de lo único que ha vivido hasta ahora ha sido de ganarle a Boca en dos ocasiones. Poco más, porque con él al mando, River no ha tenido una identidad definida e incluso se le ha perdido el respeto. Antes una visita de River hacía temblar las piernas. En cambio, ahora, después de derrotas como la cosechada ante San Martín o la goleada contra Tigre el Millo no intimida a nadie. Eso es grave, se percibe en el ambiente futbolístico argentino y tiene que cambiar cuanto antes.
Y seguimos con los clásicos. Después de cuatro añitos Boedo y Parque Patricios se miraron de tú. El Nuevo Gasómetro se vistió de gala para recibir a Huracán, en otro choque que acabó con empate a uno. Fue un encuentro que decepcionó, sobre todo por San Lorenzo, que comenzó mordiendo, marcando nada más arrancar, pero que se desinfló con el paso de los minutos y se dejó empatar. El Cuervo sabía que sólo le valía la victoria, pero la verdad es que el Pelado Díaz no lanzó a sus hombres al ataque como si la vida le fuera en ello. San Lorenzo es una de las grandes decepciones del Apertura. Al menos yo esperaba mucho más de un equipo que salvo las ausencias de Ledesma y Lavezzi, hombres clave, todo hay que decirlo, había mantenido el bloque y realizado incorporaciones a tener en cuenta como el ídolo Romeo y Daniel Bilos. Pero ninguno de los dos ha cuajado y otros futbolistas importantísimos en el pasado Clausura, como la Gata Fernández, han experimentado un bajón difícil de explicar.
Sabíamos, por otro lado, que Estudiantes no iba a dar tanta guerra como en la anterior campaña. Con la venta de sus estrellas al Pincha lo único que le ha quedado es la presencia de Verón y la casta que le imprime a sus hombres Diego Pablo Simeone. Estudiantes está haciendo un digno papel y este fin de semana salvó el campeonato ganando el intenso clásico de La Plata. Como en Rosario, en esta ciudad no se respira en clave River o Boca, cosa extraña porque sólo poco más de 60 kilómetros separan la gran ciudad de La Plata. Los clásicos en esta ciudad pueden dar por buena una temporada y ayer el Pincha gracias Juan Salgueiro se adjudicó un nuevo triunfo ante un Gimnasia que parece abonado al sufrimiento.
Llegados a este punto quiero romper una lanza a favor de la gente de Gimnasia. Creo que en alguna ocasión ya lo he comentado, pero sin duda no me cansaré de repetirlo. Es de sombrerazo el aguante de su hinchada. Hablamos de un equipo de incuestionable tradición que jamás ganó un título, que tiene como íntimo rival a un conjunto que ha levantado hasta tres Libertadores, a un equipo que el año pasado levantó el Apertura… Y aún así, siguen alentando. Lo de la gente de Gimnasia es algo difícil de explicar, quizás sólo el caso de Racing sea comparable.



Trackbacks