A ritmo de Tango: Pablo Lugüercio, una historia de coraje y amor

2 comentarios

Lugüercio no celebra el gol

No crea el lector que le hablo en este post de un jugador repleto de talento, de un futurible para Europa. No, Pablo, el Payaso, Lugüercio no es el eterno nuevo Maradona, para nada. Pero el fútbol tiene historias bonitas que merecen ser contadas. Y ahí va la suya. Luguercio es el clásico delantero que no mete goles. Suena paradójico, incluso ridículo, pero es así. Porque, aunque se crea lo contrario, hay delanteros que son enormemente válidos, pese a que no marcan goles, o al menos no hacen 20 por temporada, sino siete u ocho. Podríamos compararlo, muy de lejos, claro, con el Carlos Tévez de Europa, un batallador, el hombre que todo entrenador quiere en su equipo para presionar la retaguardia enemiga, un infatigable empedernido que hace de la garra su mejor arma.

Lugüercio tiene 27 años. Su carrera futbolística tiene pocas luces, aunque las tiene. Todo comenzó para él en las inferiores de Estudiantes. Paso a paso llegó al primer equipo en 2001. Permaneció en La Plata hasta 2005, donde inició una provechosa experiencia en Perú que le vino muy bien para madurar. Regresó a Estudiantes y Simeone lo abrazó como a un hijo, dado que cumplía las características que tanto aprecia el ex internacional. No le regaló la titularidad pero se convirtió en el número doce. Cuando Simeone en aquella época decía que Estudiantes salía con el cuchillo entre os dientes, todo el mundo pensaba en el Payaso. De hecho, jugó como titular aquella final excepcional en el campo de Vélez, en la que Estudiantes dejó sin Apertura a Boca en diciembre de 2006.

Hace dos veranos partió para Racing, donde se acabó encontrando con Ricardo Caruso Lombardi, un técnico especialista en la guerra de guerrillas, un hombre que adapta su sistema al medio y no al revés, principal explicación del fracaso de muchos técnicos. Sobre todo a partir de la llegada de Caruso, después de la marcha de Llop, Lugüercio se convirtió en uno de los emblemas de Racing. Aquel Racing del pasado Clausura, que tan buenos resultados ofreció, se basaba en una organización excepcional y mucha presión. Era un equipo de actitud mucho más que de aptitud. Y Lugüercio era su espolón.

Pero Caruso se marchó el mes pasado, después de ver que su revolución se ahogaba en el fracaso en el arranque del Apertura. Sin embargo, Lugüercio sigue siendo una de las esperanzas de la sufrida gente de Racing, incluso con un hombre en el banquillo como Claudio Vivas. Interrumpo la historia del Payaso para contar brevemente la de Vivas. El nuevo entrenador de la Academia es el eterno segundo de Bielsa, un hombre que gusta por el juego ofensivo como el Loco, pero que al llegar a Racing se ha dado cuenta que lo mejor que puede hacer es defender bien, arañar con la presión y tomar el pelotazo como mejor vía para la percusión, dadas las muchas limitaciones.

Aclarado el personaje Vivas, seguimos con Lugüercio. Hace dos semanas la Academia goleó al Atlético Tucumán, cuando entrenaba de forma interina el técnico de la casa Juan Barbas, ex Zaragoza, logrando su primera victoria en el torneo, en la octava fecha. Lugüercio hizo el primero, siendo uno de los líderes en aquel triunfo. Este fin de semana pasada el equipo de Avellaneda recibía en el Cilindro al potente Estudiantes y el Payaso, justo ante sus ex, volvió a demostrar su carácter indomable.

A Estudiantes sólo le valía la victoria para seguir metido en la lucha por el Apertura, dado el impresionante ritmo de Banfield y Newell´s. Pero Racing, en las catacumbas de la tabla, anda más necesitado que nadie para eludir el eterno fantasma de la promoción. Es triste que un grande del fútbol mundial ande en esa tesitura… Pero en Argentina es normal, sólo hay que ver la irrisoria mediocridad de River en el último lustro. Volviendo a la historia del Payaso, el asunto estriba en que nada más arrancar el choque a Pablo le cayó un buen balón y enganchó un derechazo bajito que se coló adentro de forma inapelable. El Cilindro atronó Avellaneda. Cuando marca Racing tiembla la Avenida Mitre, los ecos de cada gol tambalean las contaminadas aguas del Riachuelo. Es así, Racing es una pasión inexplicable, por eso cuando aparece la lógica del gol aparece, el furor abrasa.

Tuvo que ser Lugüercio el que marcara, precisamente él, con toda una vida en Estudiantes, confeso hincha del Pincha. En un gesto que le honra, nada más ver el cuero en el fondo de las mallas, clavó la mirada al suelo y se puso a caminar hacia su campo, recibiendo los abrazos y carantoñas del resto de sus compañeros. El choque fue vibrante, Estudiantes apretó, el Payaso, exhibiendo esa raza singular que le hace ser querido allá por donde va, incluso pudo meter el segundo. Quizás no quiso… Y llegó el momento de ser sustituido. Minuto 78, el héroe de la Acadé sale del campo y todo el Cilindro corea su nombre. Lo corean los hinchas de Racing y también los miles de seguidores de Estudiantes que se han desplazado hasta Avellaneda. La imagen es excepcional, impresionante, porque Estudiantes y Racing mantienen desde siempre una gran rivalidad, dada la amistad de la gente de la Acadé con la de Gimnasia, otro especie de Racing en versión pequeña.

Al término del choque Lugüercio confesó sentirse apenado por haber dejado a su equipo del alma fuera del torneo, aunque, obviamente, mostraba alegría por los tres puntos que suma Racing, oxígeno del bueno para un moribundo que resiste. Eso es Racing, por desgracia. Tuvo que ser Lugüercio, sí, el que hiciera el tanto. El fútbol es así, tiene esas cosas. Ésta es la historia de un futbolista anónimo pero cautivador. .

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Comentarios

  • 1

    Avatar de elmiha11 !

    Buenas Juan, primero decirte que no estoy muy de acuerdo con tu post. Lugüercio es malísimo, no le hace un gol a nadie, como bien dices tú. Pero a nadie, nadie eh. Lo ví perderse goles abajo del arco!!!

    Por cierto es Ricardo Caruso Lombardi.

    Saludos!

  • 2

    interesante

    Avatar de jubaezar !

    Hola elmiha11

    Llevas razón lo de caruso, jaja. Es que los escribo con poco tiempo apenas me da para corregir. Sin embargo, con Lugüercio, tienes que reconocer que es un futbolista que en Racing y en algunas de sus etapas de Estudiantes ha estado bastante bien. A Lugüercio no le pidas gol, pero trabaja como pocos y eso a los entrenadores les encanta. A mí su entrega me encanta.

    Saludos

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