A ritmo de Tango: Paciencia frente a precipitación

Juan Baeza 27 de enero de 2008 3 comentarios

Palermo

El Burrito Ortega había dicho en la previa del primer Superclásico del año que River iba a pasar por arriba a Boca. Hablar en las antesalas de esta clase de partidos siempre es arriesgado. Y aunque Ortega fue el mejor de los suyos se acabó tragando las palabras. Puede que el Burrito haya sido preso de la ilusión que ha transmitido Simeone desde que llegó a Núñez. Pero la realidad es que las ideas del Cholo todavía no calan en su nuevo equipo. El balance es una victoria ante Racing, un empate con Indepediente y una derrota frente a Boca. Pero ni siquiera la victoria ante la Academia da crédito, pues se logró en el tramo final del choque después de que incluso los de Mico fueran mejores que los millonarios.

El verano argentino se va consumiendo y el Clausura está a la vuelta de la esquina. Después de unos años amargos sin levantar nada, en el Monumental la presión por vencer es tremenda. Simeone debía saber en que banquillo se iba a sentar y tras la derrota de ayer ya hay algunos que comienzan a dudar de su capacidad. Porque River fue como una gaseosa, que empieza con fuerza y poco a poco va perdiendo presión hasta quedarse sin burbujas. Es verdad que a River se le ve una actitud diferente a otros años, al menos ayer el equipo salió a pegar bocados. Pero lo hizo sin ningún orden, comenzó embistiendo duro a Boca, jugando más a lo loco que con criterio, excesivamente acelerado.

En cambio, Boca fue paciente. A Boca, a pesar de que venía de perder 1-2 ante Independiente, si se le vio con intenciones firmes. Esperó su turno de golpeo y en el 19’ Battaglia no perdonó. Con el marcador a favor el Xeneize todavía se mostró más a gusto, aunque Ortega tuvo el empate en sus botas pero su definición ante Migliori, echándola arriba, deja a las claras lo que fue el partido de los millonarios: una continua precipitación en las formas que les acabó pasando factura.

River no atinaba una y para colmo cometía el error de realizar sucesivas faltas cerca del área. Desde allí Juan Román Riquelme es letal y precisamente al bote de una, Carrizo despejó como pudo y Martín Palermo, el loco Palermo, se colgó con el brazo derecho del larguero para saltar por encima de todos y clavar con la testa el definitivo 2-0.

Dos cosas sobre Boca. Primero Riquelme. Con mucho es el mejor del campeonato y a poco que Boca haga las cosas bien debe de ganar el Clausura. Si en España con un juego mucho más rápido que el de Argentina, aportaba un temple inaudito a su equipo, imaginemos en su país. Para colmo a balón parado hasta abusa del rival. Ayer incluso buscó con descaro el gol olímpico. Espectacular. Segundo, Palermo. Martín Palermo. Jugaba en River Abreu, el otro loco, un cuerdo al lado de Martín. Le hemos visto goles de todos los colores, hemos admirado sus remates más inverosímiles, pero lo de ayer es ya reinventar el fútbol. Sólo a él se le puede ocurrir colgarse del travesaño para marcar, cosa por cierto que está prohibida en el reglamento. Pero, claro, por eso decimos que es diferente.

Y una sobre River. La apuesta de Simeone de jugar con tres defensas, para colmo lentos, no funciona. Se está viendo claramente. Simeone tiene ambición, pero debe moderarla a la hora de configurar sus onces. Tres centrocampistas, un enganche y tres delanteros es demasiado. Para colmo, no contar con Falcao no creo que sea lo adecuado… No obstante, estas derrotas le vienen bien al técnico para ir limando aspectos, pues es para eso para lo que sirven las pretemporadas y de hecho si gana a San Lorenzo puede acabar por encima de su máximo rival en el Torneo de Verano. Pero antes de eso, este domingo tenemos un interesantísimo Independiente-Racing, el clásico de Avellaneda, choque ideal para que los dos vecinos más vecinos midan sus fuerzas. Un apunta al respecto, un derrota podía aumentar la presión, ya de por sí fuerte, en torno a De Tomasso y Blanquiceleste.

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