
Como era de esperar el final del Clausura conlleva el adiós de grandes estrellas del campeonato. A Diego Simeone le hacen un siete quitándole a su goleador, Pavone, y a su jugador con más clase, el principito Sosa, que probará suerte en el Bayer de Munich. Se salvará River de la quema. Nadie hace seis meses hubiera dado un duro por la continuidad de Belluschi, pero tras su decepcionante campeonato su salida se ve complicada. Racing pierde a Bergessio, que marcha al Benfica, un delantero de envergadura y buenos números. Vuelan muchos de los buenos y como es lógico esta situación también le da de lleno al último campeón, San Lorenzo.
Estaba cantado que a Ramón Díaz le iban a tocar el invento. En concreto, se va uno de los jugadores más desequilibrantes del torneo, posiblemente la estrella del equipo junto a la Gata Fernández. Hablamos de Ezequiel Lavezzi, un delantero menudo, de corta estatura y velocidad endiablada. Un futbolista de 22 años que recuerda a Javier Saviola por su rapidez arriba, un jugador que promete mucho y que este verano da el salto al Nápoles.
El de Lavezzi es un caso curioso. Comenzó a jugar en Estudiantes de Buenos Aires y sin ni siquiera debutar en Primera fue fichado por el Genoa. En Italia le tocaba triunfar, pero el descenso administrativo de su nuevo equipo, provocó su regreso a Argentina. Fue San Lorenzo quien se fijó en él. Estuvo un año a préstamo y después de una magnífica campaña el club de Boedo decidió apostar fuerte, quedándose con su ficha. Lavezzi continuó haciendo goles y más que eso, dando mucha sal al ataque de un equipo en el que en poco tiempo se convirtió en referente.
En cambio, el romance con San Lorenzo pareció romperse cuando tras el decepcionante Apertura 2006 del Cuervo, decidió aceptar la oferta que le planteaba River. Era cambiar para mejorar. Presionó lo que pudo y posiblemente hubiera emigrado a Núñez si no fuera por la presencia del gran Ramón Díaz. El mejor técnico millonario de todos los tiempos frenó en seco el traspaso y dijo que el Pocho Lavezzi costaba 20 millones de dólares. Por insistencia de Ramón se acabó quedando y aunque lo pasó mal al principio, porque la hinchada estaba en su contra por que quiso emigrar a River, acabó ganándose con fútbol y goles, como el que le marcó a Boca en la Bombonera estando lesionado, el cariño de la gente del Nuevo Gasómetro.
La coincidencia con Ramón Díaz fue lo mejor que le pudo pasar al Pocho. Sí, porque de haberse ha ido a River hubiera patinado, a tenor de lo que luego hemos visto. Y ahora, después de salir campeón se marcha a Italia por la puerta grande. No se va por 20 millones, sino por 8. Ramón reconoce que exageró porque no quería perderlo. Y el tiempo le ha dado la razón en lo beneficioso de retenerlo.
Lavezzi inicia ahora un reto apasionante en Nápoles. Puede que sea uno de esos talentos argentinos que se estrellan en Europa. Ojalá que no, porque al igual que el principito Sosa tiene mucho que dar. Se enfundará la camiseta que en su día vistió Ramón. La camiseta que encumbró más tarde a Maradona. Vestirá una camiseta de peso que habrá que ver si aguanta. Mientras tanto el balón seguirá rodando en San Lorenzo. La Gata de momento parece azulgrana, el salto a Europa de Botinelli, excelente central, está cantado y Central, el equipo del alma de Lavezzi, que incluso lleva tatuado su escudo, tendrá que esperar a que la madurez invada al Pocho y que después de su periplo europeo pase a colgar sus botas en el equipo al que siempre amó como han hecho Verón, Kily González y otros tantos. Ése es el ritmo actual del fútbol argentino. Se van los jóvenes talentos, vuelven las viejas glorias.


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