El Torneo de Verano de Mar del Plata fue como un baño de agua fría en el caluroso verano argentino. De agua helada, más bien, como la confirmación que el ciclo de Gorosito está condenado al fracaso si no se concretan fichajes que eleven la calidad del grupo. River deambuló contra el Xeneize y se percibió que en el Millonario faltaba una voz autoritaria que llamara a filas a sus compañeros para no caer en la desbandada. La derrota ante Boca fue como una dolorosa confirmación de que algo falla en Nuñez. Y el presidente de River, José María Aguilar, parece que definitivamente se quiere poner manos a la obra.
Con la llegada de Fabbiani en punto muerto, debido a las muchas reticencias que está poniendo Newell´s, aunque al final lo lógico es que se imponga la voluntad del futbolista, River ya tendría asegurada la estrella, el jugador desequilibrante arriba, el que rompe un partido con el balón agarrado en el área… Pero River necesita más, un referente, un jugador que infunda respeto entre sus semejantes, que lidere a sus compañeros con su carácter. Lo ideal sería el Burrito Ortega, pero hay muchas trabas. Independiente Rivadavia, el club que lo fichó a comienzos del pasado semestre, no quiere desprenderse de él tan fácilmente, porque son muchos los ingresos publicitarios comprometidos con el fichaje de la estrella. Le pide a River que se rasque el bolsillo y le asegure todos esos ingresos. Y River, una clara muestra de cómo está el fútbol argentino en lo económico, no se quiere rascar el bolsillo. Por eso todo apunta al Muñeco Gallardo, cuyo traspaso es inminente.
Marcelo Gallardo es una institución en River, con diez años en el equipo, un enganche inolvidable que jugó 268 partidos con el Millonario, contribuyendo a gestar una de las épocas más esplendorosas del club. Después de su periplo europeo, el Muñeco regresó a Núñez a mitad de la presente década, pero en 2006 su mala relación con Merlo le hizo regresar al viejo continente. Su vuelta al fútbol argentino estuvo a punto de consumarse hace un año, cuando San Lorenzo, equipo del cual el padre de Gallardo es autentico fanático. Por aquella época entrenaba Ramón Díaz al Cuervo, técnico fetiche para Marcelo, pero la operación se acabó frustrando por el mucho dinero que le ofrecían al jugador desde la MLS. Gallardo renunció al sueño de su padre por un puñado de dólares y una vez concluida su etapa americana River quiere que uno de los últimos mitos vuelva a lucir la banda sangre.
Gallardo tiene 33 años pero categoría suficiente como para liderar a River, es ése jugador que necesita el equipo en los momentos difíciles, cuando las piernas tiemblan de verdad y se necesita ver que alguien está sereno, impertérrito, con la calma que dan los años, los triunfos y fracasos, toda una carrera futbolística en la cima, en definitiva. El acuerdo está casi hecho, de modo que lo lógico es que el porteño regrese a Núñez en pocos días, siendo su figura clave para calmar la tensión social que se vive en el gigante argentino tras el ridículo argentino y los deficientes resultados obtenidos en los clásicos de verano disputados hasta ahora.
No obstante, Gallardo no podrá debutar hasta bien entrado febrero, porque a finales de 2008 se operó de unas dolencias de pubalgia. Aun así, su presencia siempre suma, por su carácter, por lo que transmite su experiencia a los más jóvenes… River ya tiene casi atado a su referente, después de que en este receso veraniego las sensaciones no hayan mejorado mucho con respecto al pasado Apertura.


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