A ritmo de Tango: Simeone, a la silla eléctrica

Juan Baeza 10 de diciembre de 2007 5 comentarios

Simeone

River está más hundido que nunca. Su nombre a día de hoy está totalmente denostado. Su gente se ha acostumbrado en los últimos años a festejar sólo las victorias ante Boca y eso no es buena señal. Desde 2004 con Astrada no ha levantado nada. El presidente Aguilar y sus hombres de confianza han sido incapaces de dar con la tecla. Han pasado por el banquillo mitos vivientes como Merlo o Passarella pero todo ha acabado en fracaso. Son tres años en blanco y eso duele mucho a una hinchada cabizbaja, con una barra que se desangra, incluso que se balea como si de un clan mafioso se tratara… En todo ese tiempo Boca se ha adjudicado seis títulos con una Libertadores incluida. El escozor millonario carcome.

Hay fuego en Núñez y de momento no hay mangueras suficientes para extinguirlo. River ha cerrado el Apertura con cuatro derrotas consecutivas. Es el equipo más goleado del torneo, va a acabar en una triste décimocuarta posición y ha perdido con todos los equipos que han ascendido. Decir ridículo es poco, muy poco, para catalogar la desastrosa campaña cosechada. Hace unas semanas a la desesperada Aguilar intentó recurrir al gran ídolo para dar un golpe de efecto. Pero Ramón Díaz, a pesar de que sopesó la oferta, se conformó con el esfuerzo que hizo San Lorenzo por subirle la ficha y con la promesa del presidente Savino de reforzar el equipo para hacer un digno papel en la Libertadores. Optó, Díaz por cumplir su palabra por muchas ganas que tuviera de regresar a casa, por muy tentadora que fuera la propuesta… Él no mordió la manzana. Se pasó a la opción número dos con premura: Diego Pablo Simeone, otro entrenador con contrato en vigor, pero con menos capacidad para repeler la seducción de uno de los dos gigantes del país.

El Cholo Simeone es un técnico que ha crecido de forma meteórica en sólo dos años. Cogió los banquillos por circunstancias, mostrando arrestos para dirigir al Racing de su alma (siempre se ha confesado como incondicional hincha de la Acadé), a los que hasta hace nada eran sus compañeros. Pasó de jugador a entrenador como el que no quiere la cosa. Y aunque no comenzó bien, se acabó haciendo al puesto cosechando un balance de cuatro victorias y un empate en el tramo final del Clausura 06, con victoria a River en el Monumental incluida. Pero no era suficiente, De Tomaso para aquel entonces ya tenía tomada la decisión de que Merlo volviera al banquillo del Cilindro y al Cholo le brindaban la oportunidad en La Plata. Le bastaba un torneo para sacar campeón después de décadas de sequía al Pincha y ganarse el corazón de su hinchada. Ha pasado un año desde entonces y la caída en picado de River ha acabado con una oferta difícil de rehusar.

Pero Simeone no quería quedar como un mercenario y optó por justificar su salida pidiendo una serie de refuerzos inverosímiles a la dirigencia de Estudiantes para la Libertadores. Solicitó cosas imposibles, pues de sobra sabía que en La Plata no se podía asumir la vuelta de Pavone o el fichaje del Loco Abréu. Y esa ha sido la excusa para decir chao. Urdió un plan sin lugar a error y todo le ha salido OK. Se despidió de Estudiantes públicamente después de que su equipo ganara ante el Olimpia en casa. Los hinchas no pararon de alentarle durante todo el partido. Los rumores, con muchísima consistencia, estaban en la grada, pero nadie quería creer. Al poco Simeone disuadió esperanzas anunciando que con todo el dolor de su alma se acaba su ciclo en La Plata, aunque no daba motivos para explicar el porqué de su renuncia. Han pasado 24 horas desde entonces y ya se puede confirmar que el técnico ‘en paro’ está negociando con la dirección de River.

Simeone deja colgado a Estudiantes con la Libertadores a la vuelta de la esquina. Lo suyo más que por dinero es por ambición. Simeone quiere seguir creciendo y es muy consciente que con Estudiantes no tendrá un equipo competitivo para aspirar a todo. Es obvio que el metal también influye, pero la posibilidad de dirigir a uno de los dos colosos y la opción de crear él mismo con cierta libertad económica un plantel a su medida es algo que convence a cualquiera.

No lo va a tener fácil, en cualquier caso el Cholo. Que se remangue las mangas porque trabajo hay de sobra. A Falcao, el mejor delantero del equipo, lo colocan en el Fluminense, que está apostando fuerte por su fichaje. Parece que Belluschi y Augusto Fernández tampoco siguen. Mal asunto, sin duda, porque se produce una auténtica desbandada si tenemos en cuenta lo mucho que sobra de la era Passarella. Simeone por lo pronto ya ha puesto algunos en su lista de preferencias. Quiere a Abreu y a Seba Domínguez, por el que tanto luchó para que se le renovara en Estudiantes. También se habla de la posibilidad de propiciar la vuelta de Cavenaghi, que en Europa sigue sin hacer los muchos goles que lograba con River.

Aún no hay nada oficial. La noticia caerá en los próximos días. Simeone se lo juega todo a una carta. En poco más de un mes tiene que montar un equipo nuevo e inyectar de moral a un grupo con la autoestima por los suelos, quizás al peor River de la historia. Es un hombre que encaja en el perfil, porque tiene coraje, imprime pasión y entrega en cada entrenamiento y eso al final acaba calando. Seguramente los dirigentes le apoyen en todo lo que pida para evitar otro semestre más sin títulos y quitarse de encima la presión de una afición hastiada de sin sabores. Pero también debe tener en cuenta el racial entrenador que el banquillo en el que se va a sentar ha sido en los últimos años una silla eléctrica que ha acabado martirizando a hombres de la casa como Merlo y, sobre todo, al que muchos consideran el mejor defensa de la historia millonaria y técnico de éxito a principios de los noventa, Daniel Passarella. Como siempre, el Cholo es valiente. Veremos si sale cara… o cruz.

Comentarios

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    Y, para completar, el otro ídolo en River es Ortega, sostenido en gran medida por el incondicional apoyo, dentro y fuera de la cancha, de Passarela. Seguirá en esta nueva etapa?

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    Catorceava no! Decimocuarta

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