
Al fútbol argentino sólo le quedan sus viejos gigantes, ancestros sí, pero gigantes. Antes un Superclásico estaba lleno de talento, eran duelos de poder a poder con excelencias y portentosas acciones… ahora sólo queda la casta y la fiereza con la que se juegan esos encuentros, dando más, el triple, de lo que se tiene. Boca y River no reinan como antes, tampoco los otros tres grandes. Es la imagen de la vulgarización en la que nada el fútbol argentino. Pero no quiero extenderme en lo mismo. Al menos aún quedan hombres que nos hacen revivir tiempos mejores, como ocurrió ayer en El Monumental.
Con siete puntos, a catorce de la punta, el River de Astrada, solución que parece mejorar, sólo un poco, el caos que dejó Gorosito, recibía a su más eterno rival. Boca tampoco comenzó muy bien, pero llegaba al súper con tres victorias al hilo, por lo que la condición de favorito de los xeneizes era clara. Sin embargo, como sabemos, en este tipo de encuentros una vez que rueda el cuero nada importa y fue River el que más coqueteó con el triunfo.
El Millonario agoniza. Que Almeyda, retirado hace un año, dedicado a sus negocios en el campo, haciendo oposición a los Kirchner y jugando en el equipo de veteranos, jugara ayer de titular dice mucho de cómo están las cosas en Núñez. Quitando Buonanotte todo se pudre, incluso Fabbiani, un ariete que a mí me fascinó en sus comienzos, que despuntó en Rumanía con el Cluj y que ahora languidece en el equipo de su vida, corrompido por el vicio porteño y pitado cada partido por una hinchada que no sabe como quererlo. Pero están Ortega y Gallardo, los dos capitanes. El Burrito ayer falló un penalti e hizo un partido horroroso. No está a tope, pero cuando frota la lámpara que se quite el que está el frente. El Muñeco tampoco es el de 1996, qué recuerdos… El Enzo, Crespo, Ortega, Gallardo… No es, decía, el de esa época, pero sigue teniendo una derecha magistral. En el anterior Clausura empató para River un partido que tenía perdido en la Bombonera con un golpe franco excepcional. Este domingo el Muñeco volvió a sus andadas e hizo otro golazo mágico.
Abbondanzieri intentó cazarlo pero se dio con el palo… Imposible Pato, tuvo que pensar Gallardo. Mientras el meta de Boca se llevaba la mano a la espalda, River hacía piña. Cuando todos los jugadores comienzan a marcharse quedan los dos mitos, Ortega y Gallardo. El Burrito le levanta con la mano derecha y ambos trotan y ríen pensando en el triunfo. Esos pequeños momentos, esas postales que te deja el fútbol, tantos años después, a algunos nostálgicos nos parecen emocionantes.
Pero el sueño de River duró hasta que otros dos gigantes se asociaron. Palermo, desde la rotura de su tabique con Argentina, jugaba con máscara. En el descanso, en una de esas decisiones que sólo él entiende, se la quito, como si necesitara sentirse libre para ser mismamente él. Y entonces llegó el minuto 63, Riquelme le regaló un taconazo de esos que nadie inventa como su siniestra, y Martín se sacó un zurdazo lejano excepcional, con el que nada pudo hacer Mario Vega.
El tanto del Loco desató otro instante excepcional. Muchas veces he contado el distanciamiento de los dos ídolos bosteros del momento. Palermo y Guillermo eran uña y carne y Guillermo y Riquelme enemigos acérrimos. El enganche se aliaba con el Chelo Delgado. Era una guerra de egos que en el fondo potenció al mítico equipo de Bianchi a hacer historia. El tiempo ha ido pasando y poco a poco fue limando asperezas. Ha habido pasos decisivos. Por ejemplo, Riquelme se aventuró a decir, antes del gol del Titán contra Perú, que si Maradona le daba 20 minutos, mojaba seguro. Palermo ayer se fue a Riquelme para abrazarle. Esta vez, a diferencia de otras, su cara reflejaba complicidad sincera con su asistente. Luego al término del choque reconoció que el amor crece ante ambos, y eso es una enorme noticia para Boca y el fútbol argentino.
Y así está la cosa, el clásico lo protagonizaron los mismos que en la anterior campaña, los de siempre, los que desde los años noventa llevan regalando fútbol con sus virtudes al gran público. Las nuevas generaciones se han quedado atascadas si no han sido extirpadas por los dólares de Europa… Es el presente de aquel fútbol. Por cierto, el Apertura lo lidera Colón, sí Colón. Y a Racing lo va a entrenar Matheus, sí Matheus… No se ría el lector, es el fútbol argentino, ya saben.


Comentarios
Muy atinado tu comentario Juan, totalmente de acuerdo en eso de que los dólares de Europa (o euros) nos sacan a los mejores pibes al jugar sólo algnos partidos, pero bueno, esto es así. El fútbol, además de todo, es un negocio. Por eso, a falta de canteros, aparecen los grandes, Los Grandes.
Lo de Palermo es entendible porque la viene embocando seguido, pero Gallardo... No tenía ni un poco de continuidad en River y va y marca ese golazo de tiro libre, igual que hace 6 meses en la bombonera... Los grandes son así. Igualmente el partido no me pareció la gran cosa, casi me quedo dormido de hecho!!
Saludos!
PD: Tengo que chequearlo pero creo que Almeyda se retiró hace más de un año, eh!
Mario Vega ¿será Daniel Vega? Matheus ¿será Lothar Matthäus? Rotura del tabique en el partido de Argentina ¿será en el partido contra Tigre? Riquelme y Delgado jugaron juntos en CABJ entre 2000 y 2002 de las 9 temporadas de Román en su equipo. ¡Por Dios!
Escribir un comentario
Para hacer un comentario es necesario que te identifiques: ENTRA o conéctate con FacebookConnect