
Eran ocho años sin ganar un clásico. Huracán ha sido considerado por muchos a lo largo de la historia como el sexto grande de Argentina, pero la realidad es que su poderío nunca ha estado al nivel de su vecino, o ex vecino desde los años 80, San Lorenzo. El segundo clásico porteño por excelencia siempre encierra mucho colorido. En esta ocasión La Bombonera, escenario donde el Globo, que tiene una tradicional buena relación con Boca, muchas veces ha hecho de local, fue testigo directo de un choque racial, con poco fútbol pero mucho coraje. San Lorenzo recibía a su más eterno rival, ganar significaba dejar a los de Ángel Cappa, el Barcelona de la Argentina en estos momentos, fuera de la lucha por el Clausura. El morbo estaba servido e incluso el fanático más glamouroso de los cuervos, Viggo Mortensen, estaba presente para contemplar la fiesta.
El clásico se disputó por la mañana, curiosamente, la última vez que Huracán le había ganado al Ciclón también fue en un choque disputado por la mañana. Fue un encuentro disputado, los quemeros de Cappa no exhibieron ese fútbol que está enamorando, porque todo el que no sea hincha de Velez y Lanús, los otros aspirantes al título, y San Lorenzo, por motivos obvios, desean aunque sea un poco que triunfe el equipo de Parque Patricios, por las grandes momentos que ha protagonizado sobre el pasto en este campeonato. Sin embargo, pese a no tener su día más plácido, pese a que los dos grandes genios del equipo, Pastore y Defederico, no hicieron brillar su lámpara, Huracán ganó 0-1, provocó la locura de los 10.000 hinchas que le acompañaron como visitante.
La realidad es que a Huracán le sonrió la suerte que se le suele atribuir a los campeones. Y además, de hecho, la forma de ganarle a su eterno rival fue casi idílica. Lo lógico es que Nieto o Pastore hubieran firmado la victoria, que Defederico quebrara un par de cinturas y desequilibrara la contienda… Pero no, fue Pablo Goltz, un chico de provincias, Entre Ríos, que un buen día decidió probar suerte en el fútbol, que creció bajo la sombra del Ducó y que ahora es uno de sus símbolos, símbolo joven pero símbolo, con 143 choques a sus 24 años. Fue Goltz, el capitán, el defensa que siempre cumple, el que desató la ilusión en Parque Patricios.
Es obvio que la euforia en el Globo está por los aires, como su emblema. Desde 1994 los quemeros no pelean un campeonato, este año llegan a dos jornadas de final a un punto del líder y dependiendo de si mismos, así como con el respaldo moral que otorga el hecho de jugar como los ángeles. Hacía mucho tiempo que no veían por encima del hombro a San Lorenzo, hacía mucho tiempo que no podían pasear sus sonrisas por las calles de Boedo, que no podían recordar con cierta malicia que la que fue su casa es ahora un Carrefour.
Sin embargo, no todo lo tiene hecho Huracán, pese a que sea el que mejor llega, con siete triunfos y un solo empate en las últimas ocho fechas, la realidad es que Vélez está sólido en el liderato, con un Enano Morález cada día más inspirado. Este fin de semana, por ejemplo, el Fortín cumplió expediente contra Newell’s, pero Morález, que marcó uno y dio otro, hizo mucho más que eso, honró con su estilo al balón y dio alas a los de Liniers, que con el Tigre Gareca en el banco, tomando decisiones clave como dando confianza al ahora goleador Hernán Rodrigo López, han mostrado una gran regularidad. Se da la circunstancia que en aquel Clausura de 1994 que peleó hasta el final Huracán, Ricardo Gareca entrenaba a Independiente, el equipo que finalmente salió campeón. Hay en ese sentido un guiño de la historia que favorece a Vélez.
Y luego está Lanús, a dos de la punta, a uno de Huracán, con cierta irregularidad y con una banda de chavales excepcional compuesta por gente de la talla de Blanco, Fritzler, Valeri y el clásico Pepe Sand, que aporta el toque maduro. El Granate cayó goleado contra Arsenal, un sorprendente Arsenal que caía en picado y resurgió de las miserias goleando 4-1 al que era líder a tres jornadas del final.
Lo cierto es que los tres merecen ser campeones. Si gana Huracán, gana la apuesta de fútbol ofensivo sin complejos, desenfadado y arrebatador. Si gana Vélez, ganan las decisiones valientes de Gareca. Y si gana Lanús, gana la filosofía, genuina hoy por hoy en Argentina, de apostar por la cantera. La jornada próxima chocan Lanús y Vélez en casa de los primeros, mientras que Huracán recibe a Arsenal. En la siguiente fecha Vélez recibe a Huracán y Lanús se la juega en el campo de San Martín… Huracán y Vélez dependen de sí mismos… Emoción pura y dura, como en el anterior Apertura.



Comentarios
interesante
Echo en falta un comentario sobre el 3-0 de Racing a Boca, y esque aunque parecia increible Racing esta a punto de zafar la promocion.Nadie lo hubiese dicho hace unos meses.
En cuanto al titulo a mi me gustaria que ganasen Lanus o Huracan, no simpatizo mucho con Velez y me gustan mas los estilos de estos dos equipos.
Un saludo
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