AC Milan, grandeza eterna y raíces profundas

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Milan campeon

Se acabó la Liga de Campeones 06/07. Su último partido ha sido bastante discreto, pero sin olvidar que es el más importante. Es el que decide quién se queda con el laurel de campeón y quién con las lágrimas de derrotado. La final no ha sido la más emocionante ni memorable de todas, pero seguía siendo una final. Jugaban los dos mejores equipos de la competición, los que habían dejado atrás a Barcelona, Chelsea, Bayern de Múnich y Manchester United. Y los dos merecían estar en Atenas.

En este caso, se invirtieron los papeles de hace dos años y el Liverpool se va a casa con las manos vacías. No se puede ganar siempre. La copa se la lleva un Milan que en principio no contaba ni con poder disputarla y que veía, como la mayoría, muy difícil estar hoy en Atenas. Pero si era difícil que el Liverpool le remontase la tan famosa final, esto como mínimo lo iguala. Para conseguir su séptima, los milanistas se han aferrado a dos características que hoy se han apreciado en la final, la grandeza y las raíces.

El Milan siempre será grande. Esta temporada lo ha demostrado de nuevo. Empezó desde lo más abajo, la previa, con la marcha de Shevchenko, la sanción por el Moggi Gate, la alta edad de sus futbolistas… nada de esto ha podido con su grandeza. Porque es eterna. Siempre estará con el equipo, como su escudo o su afición. Porque son grandes por naturaleza, es algo intrínseco del club, inmutable. Esa grandeza le ha acompañado también hoy. Aunque su rival también sabe lo que es eso.

Algo que a veces se ha olvidado, es que, además de ser grande, el Milan es italiano. Seguramente de todos los equipos de su país sea el que menos lo parezca, pero lo es. Y hoy el Liverpool lo ha comprobado. Después de estar 44 minutos controlando el partido, teniendo ocasiones y buscando el gol, el Milan en una jugada aislada ha marcado el primero y ha desequilibrado la final. Se puede tener otro estilo e intentar jugar de otra manera, pero las raíces nunca se pierden.

Y ese gol de Inzaghi no es gracias a la fortuna en su totalidad. Es cierto que la suerte es importante en esa jugada, pero si ese hombre no es Inzaghi sino otros muchos jugadores, igual el balón no entra. Antes de que Pirlo golpeara a la pelota, el Pippo ya estaba corriendo a la portería para buscar el rechace. Eso es hambre de gol, experiencia, grandeza, raíces. Es en el camino hacia ese rebote imaginario, que busca con ansia, cuando el balón le encuentra a él y se mete en la portería para alegrar a miles de aficionados. Ese balón suelto del que ha vivido tanto tiempo, que tantas alegrías y triunfos le ha proporcionado es el que hoy buscaba y ha encontrado de manera más impredecible que en otras ocasiones. Pero sin esa ansia por buscarlo, quizá el balón no hubiese entrado.

Siete copas conseguidas que no hacen otra cosa que enseñar y engordar su grandeza y exponer y recordar sus raíces. El año que viene, pase lo que pase, seguro que el Milan es favorito para ganar la Copa de Europa.

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