
Cualquiera diría que irse de Turquía con un 3-2 en contra en octavos de Champions no es un mal resultado. Pero lo cierto es que viendo lo que pasó ayer en el Sükrü Saracoulu ningún sevillista se pudo ir contento a la cama. Jiménez prometió ataque desde el principio, había que quitarle el balón a un Fenerbahçe que precisamente se hace peligroso cuando lo tiene. Así lo hizo el Sevilla, que jugaba en los primeros compases un fútbol de toque, por las dos bandas, desconcertando a un contrario que no esperaba esa disposición tan ofensiva. Sin embargo, pasado el primer cuarto de hora un fallo de marca inadmisible de Dragutinovic dejó solo a Kexman, enrachado, que con su testa hizo el primero. Fue un anticipo de lo que quedaba por llegar.
El jarro de agua fría de Kezman no achicó al Sevilla, que siguió buscando el partido y encontró el empate seis minutos más tarde gracias a un centro con veneno de Daniel que Edu Drácena se metió en propia puerta. Con las tablas el Sevilla estaba a gusto y los pitos no se escuchaban. Los andaluces habían rebajado con su juego el ímpetu de las gradas y de hecho antes del descanso en una clara contra de tres para uno rozaron el segundo, salvándolo la buena actuación de Roberto Carlos, que dejó patente que en esto del fútbol ya lleva unos años.
El Sevilla salió volcado en la segunda parte, todo apuntaba a una victoria visitante pero la defensa volvió a hacer aguas cuando nadie lo esperaba. Una falta botada por Alex, al brasileño se le paró y bien con un enorme Poulsen, desde la derecha acabó con Lugano rematando en el corazón del área absolutamente solo y marcando el segundo. Era un palo gordo pero los de Jiménez no se amilanaban y empataban al poco, merced a un balón peinado de Poulsen en el primer palo que remachaba Escudé adentro.
El 2-2 parecía definitivo, todo sonreía al Sevilla, que aún así buscaba el encuentro. La frustración del Fenerbahçe se dejaba ver con sucias entradas que iba minando poco a poco a los de Zico de amarillas. En cualquier caso, nada podía salir mejor hasta que a tres del final una contra mal defendida por los hispalenses acabó en gol de Semih Sentürk ante la mirada atónita de los aproximadamente 2.000 sevillistas que se habían desplazado hacia tierras turcas.
Cuesta creer que en octavos de final un equipo dé tantas concesiones defensivas al rival. Así fue. El Sevilla no anda fino en defensa en esta campaña, la baja de Javi Navarro se está dejando notar más de lo esperado. Pero hay partidos como el de ayer en los que no existen las excusas, en los que la concentración deber ser una máxima. Si el que hubiera estado en frente hubiera sido el Manchester o el Chelsea el descosido hubiera sido de considerables dimensiones. Da pena esta endeblez atrás, sobre todo porque los sevillistas plantearon un partido valiente, practicaron buen fútbol y en condiciones normales podrían haber ganado incluso goleando. El Sánchez Pizjuán es ahora quien decide.


Comentarios
No se que ataque prometió Jiménez, con Duda en una banda que es más parao que una excursión del inserso y con un doble pivote que no crea juego. Eso unido a que Navas se acojonó, pues nada a verlas venir. Este Jiménez cada vez me gusta menos, se parece a la última etapa de Cagarrós.
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