Más allá del resultado de los equipos españoles, esta jornada de la Champions nos ha dejado una decepción y una confirmación. La primera se ha visto en el Olímpico de Roma, donde dos equipos bastantes parecidos en el estilo de juego, que van al ataque y que practican un fútbol vistoso, nos ofrecieron un encuentro corto de ocasiones. La confirmación se vio en Oporto, donde el Chelsea consiguió el resultado que quería, puedo haber sacado más, y los lusos el que pudieron. Tanto ingleses como franceses parten con ventaja para el partido de vuelta.
En estos dos encuentros se ha demostrado una vez más la importancia de jugar en el campo propio mejor que en el ajeno. Entre los dos días de Champions, sólo dos equipos han conseguido ganar fuera de casa, Manchester y Liverpool. El Chelsea y el Lyon dan por bueno el empate, uno porque no quiso y el otro porque no pudo.
En Do Dragao, Oporto y Chelsea nos dejaron un partido bastante pobre. Comenzó bien para los portugueses, después de la lesión de Terry, se adelantaron en el marcador gracias a Meireles, con bastante fortuna. Dos mazazos seguidos para los de Mourinho. Pero Shevchenko empató el encuentro gracias a una jugada que inicia Robben, el jugador que sustiuyó al lesionado central londinense. A partir de aquí poca cosa, un larguero de Quaresma y al vestuario.
La segunda parte fue el fiel reflejo de las intenciones de ambos conjuntos. El Chelsea quería esperar a Stamford Bridge y el Oporto no conseguía superar la consistencia defensiva que tienen los de Mourinho. Drogba pudo matar la eliminatoria pero el disparo pegó en el palo. El resultado, todo para Londres. Aunque sí es cierto que el Oporto tendrá que mejorar si quiere conseguir avanzar, sobre todo debe conseguir no depender tanto de su estrella Ricardo Quaresma.
El partido del Olímpico de Roma fue la decepción de la jornada. A priori se esperaba un partido abierto, con ocasiones de gol, dinámica, fútbol vistoso y goles. Tanto Roma como Olimpique de Lyon suelen ofrecer espectáculo. Nada de eso. Pesa mucho el miedo a perder y el afrontar el partido de vuelta sin ninguna opción. Los primeros veinte minutos hacían suponer que el Lyon iba a imponer su experiencia en Europa y su consistencia en medio campo para llevar la iniciativa. Una falta de Juninho pegó en el palo después de un rebote. Pero poco a poco la Roma se quitó los nervios y fue echando a los franceses hacia su propia portería, aunque sin llegar a crear peligro. Muchas imprecisiones y un nulo juego por las bandas provocaron el empate sin goles al descanso. Juninho no aparecía y el medio campo de cada equipo se anulaba recíprocamente.
La segunda parte no ofreció ninguna ocasión clara de gol. Mucho dominio de la Roma, posesión, apoyo incondicional del público (el estadio estaba lleno) pero poca pegada. Los cambios tampoco ofrecieron nada y el Lyon consigue un empate que le otorga una mínima ventaja para la vuelta. El árbitro estuvo bastante desacertado, si bien no tuvo fallos clamorosos, pequeños detalles, como el exceso de tarjetas, hacen que su actuación haya sido bastante regular. Un dato importante, el Lyon no consigue ganar en su partido de ida en la Liga de Campeones, cosa que en los últimos tres años no había ocurrido.


